Curuguaty, una victoria del libre mercado

Recientemente el modelo económico extractivista vigente en Paraguay concretaba una victoria más en el campo político. Antagónicamente, para ganar la batalla, personas inocentes fueron condenadas a penas duras y largas de hasta casi 40 años, pese a la inexistencia de pruebas certeras.

La historia del Paraguay, y su proceso económico, puede describirse en una sola y contundente frase como: “La historia de la lucha por la tierra”. Desde la época colonial, hasta el día de hoy, el pueblo nunca dejó de pelear por la parcela que le corresponde, por el pedazo de tierra que es su derecho y por una digna reforma agraria. Luego de la Guerra de la Triple Alianza el país sufrió un proceso de forma contraria al proyecto independiente francista, abrió sus puertas al capital extranjero y al libre mercado que se iba expandiendo en el mundo como estructura hegemónica.

Desde ese momento, los recursos productivos fueron entregados casi en su totalidad a grandes latifundistas internacionales y a una pequeña élite conformada por los partidos tradicionales, que ajustándonos a la lógica del libre mercado, el único final que tenía nuestra fauna y flora, era el de ser producida a gran escala para su venta al mejor postor, el capital extranjero, dejando de lado las necesidades humanas de nuestra gente.

El modelo económico

Ser un país productor de materia prima y aplicar políticas económicas liberales tiene un costo, la pérdida de nuestra independencia, y no solo económica, sino también política. Esto significa poner nuestro sistema productivo al orden del mercado, producir solamente para vender, teniendo en cuenta la tendencia que tiene la materia prima a bajar o mantenerse de precio en el mercado a diferencia de los productos industrializados que exportan los países desarrollados; el intercambio desigual o el “deterioro de los términos de intercambio” como lo proclamaba el economista argentino Raúl Prebisch.

Así nos convertimos en un país agroexportador. De esta forma tenemos que importar todo lo que nuestra gente necesite verdaderamente, produciéndose un déficit de dólares entre las exportaciones e importaciones, teniendo que recurrir a préstamos que agudizan nuestra dependencia.

De este modelo económico, las clases sociales más bajas, y por supuesto el campesinado paraguayo siempre ha quedado fuera. Nunca produciéndose el famoso derrame de riqueza que aclaman los defensores del sistema actual. La riqueza de la venta de nuestros recursos, de nuestras tierras, siempre se concentró en un pequeño porcentaje de la población, alrededor del 2%.

Por este motivo, y por muchos otros, los agricultores más desfavorecidos lucharon arduamente durante nuestra historia, para poder recuperar ese pedazo de tierra que alguna vez han poseído. Y por este mismo motivo han sido condenados, los condenaron los representantes políticos del capital extranjero, los partidos tradicionales forjadores del modelo económico agroexportador.

Ahora, los inocentes tienen que pagar el precio de exigir justicia. De esta forma se concreta una victoria más del libre mercado. Pero la lucha sigue y el clamor popular se sigue preguntando ¿Qué pasó en Curuguaty?