El En-Trump-amiento de los Políticos.

En la lucha por conseguir la candidatura reublicana para las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, se están presentando características que van más allá del escándalo, la vulgaridad y el fenómeno que significa Donald Trump y su liderazgo en las encuestas.

Es evidente que la clase política se está debilitando en gran parte del mundo, porque los políticos tal como los conocimos y como los hemos sufrido en los últimos años, ahora están en crisis.

En ese sentido nuestro país no está exento. Basto con ver el surgimiento de “El Bronco” y de otros fenómenos que pronto iniciarán su primer día de gobierno, lo que no sólo será la llegada a sus despachos, sino que realmente representará el inicio de la carrera presidencial del 2018.

Un personaje como Trump, no sólo es grotesco sino que resulta ridículo por sus opiniones y por la campaña que ha realizado sobre la base de insultarnos una y otra vez. Una campaña que no ha recibido una respuesta contundente de nuestras autoridades.

Porque no basta con dejar que se ahorque solo, ni con decir que alguien debe ponerlo en su sitio, ya que un insulto generalizado contra el país no puede ser tratado de manera tibia o procedimental.

Tampoco estoy sugiriendo que se le declare la guerra a EE.UU. por esas acciones. Pero sí se debe considerar que esto es un problema histórico con el amigo-enemigo del norte, lo que parece mentira dada nuestra relevancia electoral y participación popular tan determinante en ese país. Y es que aún nadie ha protestado contra lo que de verdad le importa a Trump, que no son sus opiniones políticas sino sus estados financieros, el costo del ladrillo y el desarrollo de sus negocios.

En Estados Unidos ya ha habido momentos en los que han existido personajes como Trump y el sistema ha sabido ponerlos en su lugar. Sin embargo, la gran diferencia entre esos momentos y hoy, es que el oficio de político está a a la baja en casi todos los países del mundo, como ya lo estuvo en la anterior crisis económica.

Porque a diferencia de la crisis de 1929, la de 2009 no nos ha traído buenos políticos como Churchill y Roosevelt, ni malos como Hitler y Mussolini, sino que ha desatado una apabullante afluencia de mediocres e incapaces, y ahora, por si no fuera poco, hasta aventureros como Trump.

Y en medio de todo eso no surge ni el ruido ni la furia, sino lo que se había superado hace años de la expresión estadounidense conocida como lo política y socialmente incorrecto, que ahora vuelve de la mano de un constructor de tercera en un país de primera, llamado Donald Trump.

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