Avanzando a trompicones.

Etapa de mutaciones internas, intentando aferrarme sin éxito a lo que todos estos años que me cuentan sostuve como verdadero. Por cada muro derribado, se abre un nuevo camino intransitado. Y en la frontera de mis límites gateo cual chiquilla descubriendo mis piernas. Y ante mí, todo el orden que impuse cautelosamente en mi caótica existencia se desmantela. Y del desastroso alrededor no consigo hallar respuestas. Pero la vida es sabia, y ya me enseñó en repetidas ocasiones que todo pasa por una razón, que las casualidades no existen y que habrá sin duda explicaciones lógicas cuando consiga traspasar el aleatorio caos que me atañe. Y mientras tales verdades no se me revelan, palpo la oscuridad envolvente, densa y opaca, que me ofusca a ratos, que me frustra en otros y me acaricia a cada paso. Y redescubro mi vasta ignorancia, pues de cada estela de conocimiento surgen nuevas dudas. Intento abrir los ojos, pero no basta. La oscuridad es tan cegadora. Así qué aún a ciegas, me pongo en marcha, palpando, absorbiendo, y de tanto en tanto, cayendo de nuevo… 
A cada caída , parece que empiezo de nuevo , pero es ilusorio. Cuándo miro atrás, visualizo como nunca estuve estática… Así que me armo de valor, recuerdo lo precioso que fue un día soñar con los pies, y encuentro el aliento para seguir avanzando a trompicones… 
L.R.