Bona nit.

Bermondsey, London 2013

Me gusta el olor que respiré en mi terraza hace unos momentos. Olía a noche de abril mallorquina. 
Cuando los días son variados y algunos se visten de Londres y en otras ocasiones los días soleados que te obligan a despojarte de la ropa sin piedad. Y sin embargo las noches son frías aún. Y meterse entre las sabanas es un placer. En las calles se puede respirar el frío, es un olor inconfundible que me da tranquilidad. Como si al respirar se colara paz por tus sentidos, paz de aquella que a todos nos falta en algún momento de nuestros días.

Desde mi terraza no puedo ver nada. 
Hay un par de patios debajo, semiabandonados, una nave sin ventanas a mi izquierda y una casa estilo victoriano como la mía a mi derecha. A unos metros cruza un puente por el que no cesan de pasar los trenes. Y a pesar de que pasan periódicamente, a mí ya ni me perturban con sus sonidos.

Pero hoy al salir, no hubo más testigo que la noche, ni más compañera que la oscuridad. 
Inhalé hondo la noche tibia de mayo londinense, y me perdí en recuerdos de noches tales mallorquinas.
Y al exhalar, hallé paz por un frágil instante.
Bona nit.

(Londres, Mayo 2013)