Pasión y Emprendimiento

Se escucha frecuentemente decir que la clave para tener éxito, sea lo que sea que la palabra éxito signifique para cada quién, es encontrar nuestra pasión y potenciarla al máximo. Más que subsanar totalmente nuestras deficiencias, se recomienda enfocarnos sobre todo en aquello para lo cual nos sentimos más talentosos. Deseo exponer en esta publicación mi punto de vista sobre estas dos últimas afirmaciones.

Para iniciar me encuentro natural plantearme la siguientes preguntas: ¿Cuando es que he sentido pasión? ¿Cómo ha sido ese sentimiento?

Creo que me he sentido más apasionado cuando he logrado hacer coincidir aquello que me gusta naturalmente con aquello en lo que creo que puedo desarrollarme bien. En otras palabras, cuando dentro de ese futuro que creo que merecemos y que debería de ser construido, la vida me ha dado una oportunidad para llevarlo a cabo. Sentir pasión para mi es escuchar estas oportunidades, escuchar la pasión es escuchar una fuerza eficiente por si misma. Más que una motivación, el sentirme apasionado es una sensación, es sentirme viajando curioso por donde creo son buenos lugares.

También creo que cada persona crea su propio destino, y con destino, me refiero a que escoge hacia donde se dirige. Si se logra o no, no siempre depende de mi, no siempre las cosas salen como las esperamos. A veces se obtiene lo que queremos o a veces lo que necesitamos, a veces ambos y a veces ninguno. ¿En cual de estos 4 lugares deberíamos ubicarnos? ¿Por qué no en los 4, viajando de uno a uno, gateando?

Busqué en el diccionario de la RAE la definición de “pasión” y descubrí un par de definiciones que me cautivaron:

  1. Acción de padecer
  2. Lo contrario a la acción

Me cautivo la connotación de negativa que ambas definiciones me transmitieron. Lo contrario a acción incluso suena como algo que no se recomendaría en el ámbito de emprendimiento regularmente, pero de lo que considero que también necesitamos. Creo que necesitamos movernos en los cuatro ámbitos. Bajo mi perspectiva, obteniendo un poco de estos 4 cuadrantes es en donde podremos tener una experiencia humana más integral, nunca perfecta, pero quizás al menos bien gastada.

Esta sensación no solo de sufrir sino de viajar creo que es clave para mantener mi optimismo, y ese optimismo nos brinda las energías necesarias para empoderarnos. Pero sobre todo, creo que nos devuelve esa una pequeña esperanza, similar a esa esperanza en que tendremos un mañana, quizás no siempre nosotros pero si de alguien más en algún otro momento. Y este optimismo y esta esperanza me parecen indispensables para mantener las fuerzas y continuar en movimiento.

Ojalá este movimiento sea por aquello que se cree se hace bien, y por ser bueno en si mismo merece ser realizado. Ojalá que sea para progresar y sentirnos más llenos. Pero para eso no queda más que continuar caminando hacia algún horizonte. Con altos y bajos, aciertos y no tan aciertos.

Y es que parte de lo que significa ser humano es ser imperfecto, ser un humano en sí es ya aceptar nuestras incontables deficiencias. Para muchas de ellas habrán cosas que podamos hacer al respecto y para otras no. Lo que creo cierto es que como seres humanos tenemos límites, y conocerlos nos ayuda a expandirlos.

Existirán deficiencias que encontremos intolerables e imposibles de ignorar. Quizás serán estas las que nos atan más a nuestro pasado y, considero, haremos bien en subsanarlas. Balancear excelencias personales con nuestras deficiencias puede ayudarnos a progresar integralmente hacia una visión mayor.

No obstante, no existe la perfección cómo algo estático e inamovible, ni mucho menos ser humano que se le acerque demasiado. Entre más contemos deficiencias o atributos más incontables serán, entre más rellenemos más aparecerán. Enfocarnos en divisarlos todos puede atascarnos en un pasado irresoluble. Como individuos tenemos límites, no podemos aprender todo ni hacer todo.

Es por esto que si nuestra visión de éxito es ambiciosa muy pronto necesitaremos de otros para aumentar nuestras posibilidades de lograrlo. Para intervenir en procesos mucho más grandes que nosotros mismos y obtener aciertos necesitaremos aumentar proporcionalmente nuestras capacidades. De acuerdo a esto, tendremos más probabilidades si nos agrupamos y complementamos nuestras habilidades que si intentamos convertirnos en unicornios que lo pueden todo.

Trabajar en equipo ha probado que puede más que el trabajo en solitario. Diminutos son los más grandes logros de individuos comparados con los de la humanidad como tal. Entre más aumente la cantidad de personas sin embargo, más complejo puede tornarse el dirigir hacia el destino elegido.

Creo que es ahí donde la confianza, y especialmente nuestra confianza en nuestros talentos juega un papel fundamental. Son nuestras mejores aptitudes los mejores aportes que podremos hacer al grupo. Otros con otras habilidades podrán resolver aquellas cosas que nosotros hacemos mal. Nuestro deber es hacer las cosas que sabemos hacer bien y dar nuestro mejor aporte, siendo conscientes de que formamos parte de un grupo mayor y confiando en los talentos de otros.

Esta unión de diferentes aptitudes a través de la confianza forma los cimientos del mapa y el norte del grupo: la visión compartida. Ese punto de vista sobre el mundo que se tiene en común y por el cual estamos todos viajando hacia el mismo lugar. Esta capacidad de escoger que sacrificios hacer y que no, escoger para qué sufrir. Algo de valor le veremos a este sufrimiento, por eso se hace. No por ser feliz en este relámpago que es la vida, sino por sentirnos sorpresivamente llenos cuando se tiene la certeza de que se hace lo correcto.

¿Que pasaría si en ves de preguntarnos por qué sucedió, nos preguntáramos para qué sucedió? Al final, si las cosas salen mal es cuando más aprendemos y si salen bien podemos darnos permiso de disfrutarlas. Si no salen, o diciéndolo de otra manera, si no se intentan, o si se hace todos los días exactamente lo mismo, quizás es una seña de que se está dejando algo por vivir.