Disección a una princesa.

Levantamos las paredes más altas, quemamos todos los puentes y ponemos guardias para que nadie pueda pasar más allá de la entrada del castillo. Un día de repente, así de la nada, aparece una especie de caballero, queriéndote meter en la cabeza que todo va a estar bien, que alguien puede visitar las alas de aquel monstruo de cimientos que clausuraste, que alguien puede plantar rosas nuevamente. Al principio no le crees, cuantas veces, vinieron con esa excusa y dejaron más destrucción y caos del que ya había, pero por alguna razón, de alguna manera, este caballero no se quiere ir, te escribe mil poesías, te recuerda que hay una vida detrás de las paredes y que todo lo que parece imposible se torna posible. Le crees porque si estuvo ahí tanto tiempo, es por algo, si se tomó el tiempo de escribir, de sacar las ramas secas y plantar nuevos rosales, no puede ser malo, dejas que el acomode el castillo sin siquiera tenderle una mano y aunque algunas alarmas internas prenden sus luces para avisarte que algo anda mal, las ignoras embelesada por tanta magia. Cuando todo está listo, cuando toda la suciedad y desorden ya no está más, el flamante caballero (Que no era más que un pobre brujo) te dice que te quiere pero se tiene que ir, que tal vez algún día te vuelva a buscar, y ahí está otra vez, el vacío de antaño, listo para comerse todo, para engullir todo a su paso, le gritas a ese vacío inanimado que pare, que no lo haga otra vez, pero él hace caso omiso a los ruegos, se burla en tu cara, y volves a darte cuenta que sos vos, en un castillo gigante, sola, triste o peor aún, decepcionada y rota nuevamente, no derramas ni una lágrima, porque la vida te enseño que llorar es de débiles, y no queres que el mundo se entere que la princesa de hielo, tiene un corazón de fuego. Actúas normal, y te encerras en el ala más alejada de tan inmensa construcción, es tiempo de ahogar ese corazón en el hielo más helado jamás visto, apagar la llama de amor y odio y dejar que el corazón. se llene de escarcha, que lentamente miles de capas de hielo se solidifiquen y se unan a el, como una segunda piel, una vez más descubrís que el amor a veces es un arma de doble filo, pero la historia no termina ahí porque a medida que vas escondiéndote toda la verdad que estaba tapada entre tantas rosas, te pincha, ni la maldición de la bruja más malvada se parece a semejante suplicio, para la gente que no entiende,no sentir, ese acto que parece tan fácil es el más difícil de las tareas ¿Cómo se ahogan tantos sentimientos? ¿Cómo se vuelve a armar algo que ya estaba pegado y lo volvieron a romper?

Supongo que así nacen los villanos,que cansados de regar su amor sobre gente equivocada, terminan hundiéndose en todo eso a lo que le escaparon, el caos, el desorden, la destrucción, y deciden finalmente unirse a tan fatal destino, el de sentir que no se siente nada. La princesa con el dragón que le corre por las venas se aleja cada vez más de lo que la rodea porque en su propio mundo nadie puede lastimarla y tampoco ella puede lastimar a nadie. No la malinterpreten, no perdió completamente la fe en el amor, pero una vez más toma todos los recaudos para no lastimarse, perdona pero no olvida, porque olvidar no la dejaría aprehender nada de todo lo que vivió, pero sabe que algunas princesas no son rescatadas por príncipes ni caballeros, sino que son las que luego se convertirán en brujas locas que alguien querrá quemar en una hoguera. De todos modos, ¿Qué más da?

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