¿Y la izquierda mexicana?

México vive inmerso en una crisis. En dos años, de 2012 a 2014, el número de personas en condición de pobreza aumentó de 53. 3 a 55. 3 millones. El 46.2 % de la población tiene un ingreso de 2 mil 542 pesos en zonas urbanas y mil 614 pesos en zonas rurales, lo cual podría gastarse en un día para pagar un médico y medicinas[1].

Lxs mexicanxs contamos con el salario mínimo más bajo dentro de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El salario es de 1.01 dólares por hora y el aumento del 4 por ciento anual es una burla.

Aunado a esto, 22.4 millones de personas (mdp) tienen rezago educativo, 21.8 mdp viven con carencias en servicios de salud, 70.1 mdp cuentan con carencia en el acceso a seguridad social, 34.8 mdp carecen de vivienda de calidad, 25.4 mdp carecen acceso a servicios básicos en la vivienda como el agua o luz, mientras que 26 mdp sufren por falta de acceso a la alimentación. Y esto lo dice el CONEVAL.

De acuerdo al Informe IGUALES de Oxfam, en nuestro país las tasas de mortalidad materna entre las mujeres indígenas son seis veces más altas que la media nacional, y tan elevadas como en muchos países africanos.

Frente a esto, el Global Wealth Report 2014 señala que el 10% más rico de México concentra el 64.4% de toda la riqueza del país. Sí Carlos Slim, el hombre más rico de México y entre los 5 primeros del mundo, gastará un millón de dólares al día, tardaría 220 años en terminarse toda su fortuna.

No sólo es México quien atraviesa esta situación, la desigualdad económica y de oportunidades está orillando a ciudadanxs desesperanzados a tomar decisiones arriesgadas, por decirlo de alguna manera. Ahí está Donald Trump, quien conecta con los ciudadanos que se sienten defraudados por un sistema que alienta cada vez más una peor distribución, pero que convenientemente direccionan la culpa con los inmigrantes, particularmente los mexicanos.

Y mientras todo esto pasa, en México la izquierda está perdida, ensimismada. Preocupada y ocupada por su supervivencia, pragmática y puritana elección tras elección, envuelta en ideologías que no le dan a la ciudadanía alimento, salud o trabajo, peleando con su propia sombra, cansándose consigo misma y harta y derrotada para hacer algo por la realidad del México en crisis.

Con todo esto encima, perdimos de vista el objetivo más importante de la izquierda: que los individuos sean capaces de ejercer sus libertades políticas y cuenten con oportunidades sociales y económicas reales. Hoy, la realidad que millones de mexicanxs no se acerca ni poco a este objetivo, se ve más bien como algo irreal.

Que la niñez y juventud mexicana cuente con todas las oportunidades para siquiera soñar o imaginar un futuro mejor, empezando por una educación de calidad, sistemas de salud eficientes que sean una preocupación menos, acceso a medicinas, vivienda digna con servicios básicos cubiertos y empleos bien pagados.

Crear pues lo que yo llamo “piso parejo” a todxs lxs mexicanxs, es decir, igualdad de oportunidades, que el niño de la sierra de Guerrero o la selva en Chiapas, tenga las mismas posibilidades de crecimiento que una niña de San Pedro Garza García o la delegación Miguel Hidalgo.

Necesitamos un sistema tributario justo, con el actual nunca seremos capaces de dar el siguiente paso. Lo he dicho hasta el cansancio, deben pagar impuestos los que más tienen, y no al revés. Los grandes grupos empresariales, nacionales e internacionales evaden impuestos con un sinfín de artilugios, mientras se condena a los que menos tienen. Este sistema es ensaña con la clase baja y media, mientras permite la evasión de las clases altas.

El empresariado está acostumbrado a recibir sin dar nada. Esto tiene que cambiar. Los gobiernos son los responsables del 10 por ciento de la población más acaudalada ya que prácticamente regaló sectores tan importantes para el Estado como las telecomunicaciones o las carreteras. La inversión que hicieron, seguramente la han multiplicado infinidad de veces. Es hora de implementar herramientas para que lo regresen a la sociedad más necesitada.

Aunado a esto, tenemos que trabajar en un verdadero y eficiente sistema de transparencia y rendición de cuentas, en el que nadie quede en posibilidades de evadir impuestos, donde la clase política que abuse de su condición sea castigada, donde la palabra impunidad sea solo un muy mal recuerdo.

¿Populismo? ¿Progresista? Llámenlo como mejor les parezca, con lo que se sientan más cómodos, pero una cosa no puede seguir en discusión: la izquierda TIENE que hacerlo. Quizás no sea el único llamado que tenemos, pero sí el más importante.

No existen las salidas fáciles, nunca las ha habido. Cualquier salida, camino o respuesta implica un proceso, responsabilidades y trabajo permanente. Despertar, renunciar al ensimismamiento es el comienzo, pero tenemos que llegar primero a ese punto para hacer lo que nunca debimos dejar.

[1] Informe CONEVAL

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