¿Pueden mejorar la democracia las tecnologías sociales?

En el mundo digital en que vivimos, el usuario es el protagonista. Como nunca antes, tiene a su alcance herramientas que le dan la posibilidad de ejercer ciudadanía, expresar sus opiniones y participar sin intermediarios. Personalmente, considero que este contexto es altamente beneficioso para la democracia, sistema en el cual es el pueblo quien gobierna y que además, para su correcto desarrollo, requiere la participación de las personas.

En los últimos años, hemos sido testigos de cómo redes sociales como Facebook o Twitter, han sido el instrumento para impulsar importantes movilizaciones sociales que han generado cambios concretos en muchas sociedades (por ejemplo, la Primavera Árabe, el Occupy Wall Street o el 15M en España). Igualmente, pueden constituirse en una herramienta de denuncia en caso de que la democracia corra peligro o exista censura para la libertad de expresión. Las tecnologías sociales son también un nexo para que la población genere espacios de debate acerca de las decisiones tomadas por sus representantes, comunicarse de forma más directa con ellos o generar presión a las autoridades sobre situaciones que les afectan.

Así también, estas tecnologías son un instrumento para los gobernantes, ya que les brinda la oportunidad de cumplir mejor con su deber de transparencia, conocer las opiniones de la ciudadanía y tomarlas en cuenta a la hora de toma de decisiones. Por ello, es necesario que los representantes del pueblo y las instituciones sean conscientes de la importancia de un acercamiento más directo a los ciudadanos a través de estas herramientas, pues esto contribuye a recuperar o fortalecer la confianza de la gente en la gestión.

Es importante añadir que la aparición de estas tecnologías sociales ha significado también que la ciudadanía esté más informada y pueda exigir que se rindan cuentas de las decisiones tomadas, dado que el acceso a la información es mucho mayor y más fácil, con lo cual la opinión pública tiene los suficientes elementos para formar un criterio propio.

Finalmente, se puede concluir que las tecnologías sociales, desde su surgimiento, contribuyen a fortalecer la democracia de diferentes maneras. Esto implica una mayor responsabilidad tanto por parte de los usuarios como de los gobiernos, para un adecuado aprovechamiento de las ventajas ofrecidas por las herramientas digitales.

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