Arrepentimiento
Todos los días me pregunto por qué tuve que escribir esa estúpida historia. Ingenua, y bastante desesperada por librarme de ese recuerdo, me apresuré a hacer una crónica que incluyera cada detalle. Un recorrido preciso por la peor noche de mi vida. Si lo escribes, será más fácil sanar, me decía a mí misma mientras aporreaba el teclado. Todo estaba ahí, le di poder a esas palabras y confié en ellas. Después de volcarme en ese texto, supe que mi situación emocional estaba obligada a cambiar. Y así fue, pero no para bien. Mi narración llegó a más ojos de los que pude soportar. De inmediato vino el arrepentimiento. ¿Para qué hiciste eso? ¿qué demonios esperabas? La paranoia y depresión me embargaron. Pensé en muchas formas de desaparecer la crónica, todas igual de ridículas. No había marcha atrás, ahora todos conocían uno de mis más grandes dolores.
Han pasado dos años desde que lo escribí. Y todavía me pregunto con qué objetivo lo hice, aunque ya no me juzgo. Me he vuelto más y más reservada. Atesoro mis secretos y sé que hay cosas que nunca contaré a nadie, como debí hacer con ese recuerdo.
