Monstruos

Todos tenemos uno. A veces es negro y alargado, o rojo, de formas redondeadas. También puede parecerse a un garabato hecho con crayón, ese es un monstruo pequeño. Los más desafortunados viven con ejemplares enormes y fuera de control. Un momento están echados en la sombra y al que sigue, están destruyendo la vida de su “dueño”.
Los monstruos saben en qué momento hacerse presentes. Conocen tus debilidades y no se tocan el corazón. Pueden ser seductores o violentos. Las diferencias entre individuos se replican en su mundo. La variedad es considerable.
El mío es una piedra de río. No es muy grande pero aún puede hacer daño. Y la verdad es que no siempre lució así. Antes estaba vivo, era un animal. Como un perro flaco y bravo. Un pinche perro que me tenía amaestrada. Yo lo acariciaba y lo dejaba dormir en mi cama. Salíamos a caminar, teníamos un parque favorito. Él siempre estaba junto a mí y me gustaba.
Pero un día, me mordió. Fue agresivo y certero. El dolor se parecía a tener una convulsión, a recibir una patada en la cabeza. El ataque tuvo consecuencias graves.
Odié al monstruo desde ese momento. No quise verlo nunca más. Con esfuerzo, logré que el perro desapareciera. Durante meses, que se convirtieron en años, no supe nada de él.
Eventualmente reapareció en esta presentación pequeña y manejable, porque como ya saben, estas criaturas toman muchas formas. Ahora es una piedra que puedo lanzar y recoger cuando yo quiera. Que puedo dejar en casa o llevar a las fiestas. Oficialmente, soy más fuerte que el monstruo. Aunque, hay algo que me inquieta… A veces veo a un perro extraño paseándose tranquilamente cerca de mi casa. En la esquina hay personas que lo acarician y le dan de comer. Este no es tan flaco. También lo he visto cerca de alguien que quiero. Se han vuelto bastante cercanos. Creo que lo ha seguido desde hace un tiempo y planea hacer algo con él. Los observo a la distancia y me siento triste pero no hay nada que pueda hacer.
