No eres tú, es lo que me imaginé
He leído muchas veces que, al momento de una ruptura amorosa, duele más ver cómo, de un día para otro, se desmoronan nuestros planes y fantasías, que el hecho de separarnos en sí. En la mente de los “románticos”, codependientes y controladores, la cosa está a punto de mejorar.
“Siempre podemos volver a intentar”, “Mañana lo haremos bien”, “Solo necesitamos salir de la rutina para dejar de pelear” son frases que me he repetido constantemente, aferrada a esos flashazos de felicidad, que aunque existieron, son contadísimos y me quedan a deber.
A pesar de que estoy al tanto de todo lo que estaba mal con mi última relación, me descubro anhelando, una y otra vez, aquellos momentos en que lo hice reír, cómo me abrazaba para dormir, lo rápido que nos acoplamos para bailar, lo bonito que la pasamos cuando acampamos… Y este loop interminable de recuerdillos románticos se ha convertido en un taladro que me roba la tranquilidad todos los días.
La realidad es simple: no funcionó, a pesar de que se hicieron varios intentos. Empezamos mal y terminamos mal. No nos supimos ni quisimos comunicar. No hay nada más qué hacer.

-¿Entonces por qué no puedo dejarlo ir?- me he preguntado semana tras semana, molesta e impaciente conmigo. Tratando de no ceder a la desesperación, procuro ser una observadora pasiva de mis pensamientos. Concluyo que probablemente lo extraño tanto porque siento que nos faltaron muchas cosas por hacer, escenarios que en mi mente estaban perfectamente planeados y que repasé una y otra vez, con mucha ilusión de llevarlos a cabo.
Honrando esa parte de mí, la más ñoña, romántica y heteronormada, la que disfruta y necesita de cursilerías, he aquí una lista de lo que tenía pensado para nosotros.
- Salir del Barba Azul y conocer más salones de baile. De entrada el Balalaika y el San Luis, porque nos quedaban cerca.
- Ir a un concierto juntos. Tú mencionaste un festival en Alemania, yo hubiera sido feliz con que me llevaras al Circo Volador.
- Ir a la playa, fumar porros todo el día, prepararnos micheladas, caminar y tomarnos fotos. Hacer una fogata en la noche.
- Cocinar en mi casa. Tú dijiste que sabías varias recetas y que me ibas a enseñar. Yo iba a comprar todos los ingredientes y a poner la mesa para dos.
- Festejar tu cumpleaños con algún regalo sorpresa. Mandarte algo a la oficina o a tu casa. Que llegaras a tu cuarto y ya estuviera el regalo ahí.
- Ver todas las películas de horror del mundo. Enseñarte todas las de Hayao Miyazaki. Formar una pequeña colección de sci-fi.
- Conocer tu primera casa y tu ciudad. Que tú conocieras la casa de mi papá, la casa de mi mamá. Pasar por Carracci y mostrarte mi primer departamento.
- Verte tocar la guitarra. Que tú me vieras tocar la batería. Jammear juntos, jugar, inventar canciones. Hacer RUIDO.
- Tú me ibas a enseñar a jugar ajedrez. Seguiríamos con las lecciones de poker, viuda y demás. Por mi parte correrían los juegos de mesa old school.
- Seguir recorriendo cafecitos y cocinas económicas para esas mañanas huevonas donde solo queríamos regresar a dormir más.
- Hacerte una carta, larga larga, sobre lo mucho que te quiero.
- Siempre quise ver cómo eras de niño. Ver tus fotos, tus expresiones, cómo te vestías, a qué jugabas.
- Salir de noche y echar desmadre hasta ya no poder más. Regresar a dormir juntos y sin pelear.
- Cuidar de algo entre los dos.
- Muchos roadtrips a todos los pueblitos que se pudieran. Tú manejarías a Timmy y yo estaría tranquila porque ya lo has hecho muchas veces.
La lista podría seguir y seguir. Pero al escribirla me doy cuenta de que nuestra vida “en pareja” estuvo alejadísima de cualquier expectativa que pude crear. Ambos somos individuos complejos con formas muy distintas de expresarnos. También hay una diferencia de edades importante. Nuestras prioridades e ideología son prácticamente opuestas. ¿Necesito entender más? Ahora veo que preferí refugiarme en fantasías a tomar acciones concretas para sanar. Estoy cansada de este bloqueo emocional. No quiero pensar más en ti ni en los planes que inventé. Quiero ser libre y no me queda más que aceptar que te quise mucho. Y me dolió no sentirme correspondida. Pero ya pasó. Hace tiempo que estamos lejos, que no sabemos el uno del otro. Y así vamos a seguir. Te voy a soltar poco a poco.
