Cambiar la meta personal.

Personaje elegido: Carlos Hernández, Pastor del “Ministerio Internacional Generación que Conquista”, “Genacon Argentina”.

Su cuerpo delgado y atlético lo posicionaba entre los más aptos deportistas de élite mexicanos. Admirado por su gran capacidad para el fútbol americano, escalar una montaña o un picadito con amigos. Manteniendo a todos a ritmo y con energía de sobra para contagiarlos. Si pautan un horario lo más seguro será que llegue media hora tarde, pero se retira casi siempre luego que apagan las luces y que el encargado le reitera el aviso de “últimos cinco minutos, Pas”.

En los cumpleaños infantiles se divierte a la par de los peques, cuando le toca ser anfitrión lo disfruta a pleno. Recibe a cada uno con una amplia sonrisa y abrazo mientras agradece verbalmente: “¡Qué bueno que llegaste, Dios te Bendiga!” y lo acompaña a dejar sus pertenencias y servirse algo de las mesas. Puede disfrazarse de Minnion o de perchero humano y contagiará su risa destartalada a quienes lo rodean.

Hay quienes aseguran que tiene más de siete sentidos, puede reconocer la tristeza o angustia aunque estén bajo gafas oscuras o minucioso maquillaje. Con gran serenidad imparte un consejo directo al corazón de quienes lo oyen en una prédica o charla más personal, sin que el origen del mismo fuera para ellos; incluso, si los ve por primera vez. Con las palabras más cariñosas que brotan del corazón puede llevar al quebrantamiento a quien lo escucha y a cuantos los rodean.

El apasionado de los deportes archivó la colección de pelotas. Con sus pequeñas Elisabet y Zamar puede tomar la merienda, bañar o preparar a las muñecas para salir a pasear o ir a dormir, trepar y bajar rodando alguna mini colina del predio municipal de Malvinas Argentinas, llenando sus prendas de pasto y ramitas; continuar en los aparatos ejercitadores aeróbicos mientras come alguna manzana o banana con jugo de manzana, el pomelo no le gusta ni un poquito, “guácala”.

Tras negarse en varias oportunidades a escuchar a su madre hablar del Amor de Dios y lo importante que cada hijo es, comprobó cada palabra aquella madrugada que viajaba en taxi luego de bailar con amigos y esquivar cada vaso de bebida alcohólica. Sin querer, el chofer toma otro recorrido, bajan todos y sólo queda Carlos. De la nada, el taxi toma un camino equivocado, realiza un giro en “U”, una camioneta los embistió de su lado y arrastró varios metros…

Carlos resultó ileso; no había ni un golpe pequeño, moretón, cicatriz, rasguño. ¡Nada! Los médicos aseguraron “Milagrosamente salvó su vida”. A partir de entonces, comenzó a asistir a los encuentros en la iglesia. Es un ferviente adorador y predicador de la Palabra de Dios, tanto así que dejó su México casi recién casado con Maritza y se vinieron a Buenos Aires hace cuatro años. Cada palabra o gesto suyos son de enseñanza para sus “hijos espirituales”, aunque lo hagan renegar más que sus pimpollos.

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