
Nos pidió que nos recostáramos junto a él en un cuarto blanco. Mary en medio de ambos, John del lado derecho y yo del lado izquierdo. Como Mary es más alto que nosotros, parecíamos dos niños abrazando a nuestro abuelo, en espera de una historia para dormir.
Esta vez, quería que le contáramos nuestro más grande miedo. Yo empecé.
-El miedo más grande que he sentido… ¿han visto Buffy? Buffy la cazavampiros? Hubo un episodio donde aparece un demonio que la hace cambiar de realidades, pasando de una donde es La Elegida, la cazavampiros, con una amiga bruja, amantes vampiros, un mentor que es como su padre, sin padres y con una hermana falsa.
-No, no vi ese show.
-Bueno, de esa realidad, pasa a otra, donde está encerrada en una institución mental, donde sí tiene a ambos de sus padres, y se encuentra despertando de un largo estado de fantasía, de imaginación creada por ella, quizá por algún trauma o estado mental. Y sus padres están tratando de alcanzarla y sacarla de ese estado, hablando con ella. Y ella despierta en un pijama de hospital, viendo a su alrededor y confirmando que toda esa vida de La Elegida no existía, y que estuvo encerrada todo ese tiempo en un cuarto, en su mente.
-Oh! Eso suena pesado.
-¿Ese es tu miedo, estar encerrada en un hospital?
-Resulta que la primera vez que tuve una experiencia con la marihuana, tuve esa fantasía, de que lo que estaba viviendo no era real, que la gente, los árboles, todo a mi alrededor se volvió tan, tan presente, que sentí pavor de que todo fuera irreal. No saber qué es real y qué no. Qué invento yo, y que es lo que me está inventando. No tener esa certeza.
-¿Cuánto tiempo estuviste así?
-Amm, creo que como una semana. Sólo fumé una noche y la sensación de irrealidad, inseguridad, duró como una semana. Le tocaba la frente a la gente esperando que mi mano traspasara su cara.
(Risas)
-Ok, ahora tú John, ¿cuál es tu miedo más grande?
-Umm, ¿leyeron la novela, o vieron la película, The Secret Window?
-De King?
-Sí
-Sí…
-El no saber que hice cosas… No me refiero a asesinar a tu ex, me refiero a esa condición de hacer cosas y no saber que las hiciste. Qué está pasando en tu cerebro.
-Oh, disociarte?
-No sé cómo se llama eso. Pero ese sería mi miedo, como el estar viviendo dos vidas. Sí, algo así. No tener el control.
-Suena parecido a lo que ella tiene.
-Sí.
-¿Y tú Mary, cuál es tu gran miedo?
-Perderte.
(Risas)
-La gente se burla de mí, dicen que soy muy celoso contigo, pero es más allá de eso. Mi gran miedo, creo que es… que me pase lo mismo que a mi madre. Ella sufrió de una condición llamada dementia. Otra vez, miedos alrededor de la mente. Sí, ese sería mi miedo. El despertar y no saber quiénes son. He dicho antes que quizás esa fue la razón por la que comencé a tomarte fotografías mientras dormías y a grabarlos constantemente a ambos. Porque lo último que quiero que me pase es olvidarme de ustedes, olvidarme de la vida que tuve con ustedes.
-Porque deseaste tanto tener estas relaciones afectivas, que sería como regresar al inicio. Añorar tener algo como si nunca lo hubieses tenido.
-Exacto. Y también tengo miedo de que ustedes mueran antes que yo, porque ambos no dejan de fumar.
Ambos abrazamos a Mary, y él nos dio un beso en la frente a ambos.
Luego, no recuerdo porqué, salió en la conversación la noche en que le pasaron un chisme a Mary. Le habían contado que me encontraba con alguien más, que me habían visto tomada de la mano entrando a un bar. Mary al escuchar esto, subió de inmediato a su camioneta rumbo a casa, mientras trataba de ponerse en contacto conmigo por teléfono. Esa noche le había dicho que no tenía ganas de salir, que me quedaría en casa trabajando y planeaba acostarme temprano. Él sabía lo que iba a hacer, pero la duda lo invadió horriblemente.
-En mi corazón sabía que no era verdad. Me dijo a mí mismo, Ella está durmiendo. Por eso no contesta el teléfono, ella está durmiendo. ¿Pero qué tal si no lo está? Y se dispararon todas estas imágenes. De hecho, estaba llorando en la camioneta, hasta que llegué a la casa para confirmar que sí, ella estaba durmiendo en mi cama. Me senté sobre la cama, junto a ella, y me sentí peor, porque había caído otra vez en ese juego. Creo que lo que pasó por mi mente fue, ella no puede ser tan perfecta, no puede ser.
-Pero soy real- le dije, tomando el dedo índice de su mano derecha, y apuntándolo hacia mi frente. (Risas)
-Lo que pasó después…
-Sí. Se sentó en la cama, me desperté. Recuerdo que vi su cara y pensé que alguien había fallecido. Hasta pensé que algo te había pasado a ti -refiriéndome a John-. Me abrazó y estaba llorando con tanto pesar. Le pedía que, por favor, me dijera qué había sucedido. Y con sólo decirme “lo siento”, se dispararon más imágenes en mi cabeza. Pensé, este ojete tuvo sexo con alguien más, y quiere hacerme sentir mal porque, oh, pobre Mary, se siente mal por traicionarme. Dije, en mi cabeza, a la mierda. Tanto drama hiciste para ganarte mi confianza, para que fuéramos algo más que amigos, y resulta que nunca me tuviste confianza y necesitas estarte cogiendo a alguien para sentir seguro de ti mismo. ¿Y cuánto fue, cinco minutos? -asintió Mary-. Todo, todo eso se disparó por un mero chisme, y por esa inseguridad que les dejó sus relaciones pasadas.
-Oh, por dios- dijo John.
-Y los veo a los dos porque tiene que pensar en que el modo en que manejan esas emociones sigue siendo algo aprendido. No es que cierres la puerta de tu casa y la sociedad se quede afuera. La sociedad está en ti. Toda esa violencia, celos, intrigas, dramas, ultimátums, todo eso se nos enseñó.
-Creo que nos volvimos adictos al dolor.
-No, no. Es que nos enseñaron a retar la realidad a cada momento, porque somos adictos a la seguridad. La queremos, la deseamos, nos morimos por tener esa certeza. La certeza que te da el tener sexo, el casarte, el tener una pareja. ¿Cómo te sentiste cuando ya viviste solo? ¿Y tú? -refiriéndome a John- Tú no puedes pasar un año sin tener una pareja. Y no empieces con “I’m addicted to pussys”.
-Ok.
-Bueno, yo me sentí horrible conmigo mismo por caer en ese juego, de cómo nos han enseñado a amar. Y ella tiene razón, es un juego de estarte retando a cada rato para confirmar que existes a través del otro, es un juego de dependencia. Todo se puede ir a la mierda, menos tú y yo, porque tú y yo podemos decidir cuándo nos iremos… Tenía esta fantasía shakespeareana, por decirlo de alguna manera. Pero ella tiene razón, lo que odio del mundo, de la sociedad, está en mí. Y lo sigo reproduciendo. Me sentí tan estúpido por creerle al idiota que me dijo eso, por haber corrido a casa para confirmar que ella estaba dormida, y por hacerla sentir mal. Esa noche fue muy rara, porque cuando ella me acusó de haberle engañado, me quedé mudo. Quería ver su reacción, a la vez que odiaba hacerla sentir así. Se encerró en otro cuarto a llorar, le dio fiebre. Y yo no podía reaccionar. Recuerdo que golpeé la puerta y solamente pedía disculpas, pero no aclaraba nada. No sé cuánto tarde en reaccionar y pedirle que abriera la puerta. Dejé que todos esos pensamientos la invadieran.
-Wow- dijo John.
-No sé porque me dio fiebre. Sí que fue una noche extraña. Hasta le hablamos a un doctor porque la fiebre no bajaba. Pero, creo que eso nos permitió que salieran todas estas preguntas que teníamos miedo de hacer. Yo soy monógama, ¿podemos platicar sobre ello? ¿Si tengo sexo con alguien más, me dejarías? ¿Tienes ganas de tener sexo con alguien más? ¿Si te pido matrimonio, me dejarías? ¿Si estoy trabajando fuera, y me siento solo, irías hasta dónde estoy? ¿Si engordo, me dejarías? Cuando decidimos ser pareja, nos secuestramos mutuamente por seis meses, como que vivimos en nuestro propio mundo por un rato y lo disfrutamos tanto que nunca nos sentamos a platicar qué queríamos o esperábamos de nosotros.
-Creo que sí hay cierto juego de poder alrededor del sexo. Yo solía acostarme con extrañas para sentirme seguro de mí mismo, y al llegar a casa, hasta lo justificaba bromeando que me había acostado con alguien más para evitar una eyaculación precoz. Pero en realidad lo hacía porque me imaginaba a mis parejas teniendo sexo con alguien más, mientras yo estaba lejos. Ahora es distinto, no quiero otro cuerpo, otro sudor, otros labios, otros apapachos más que los de ella. Es muy raro. Y creo que como no me había sentido así, vulnerable, digo, ella es mi mejor amiga, y por eso tenía constantemente en mi mente, ella no puede ser perfecta, no puede ser cierto. En mis relaciones pasadas sentí que había fetichizado cada atributo que me había atraído, que al final, de quien estaba supuestamente enamorado era de una imagen que me había creado de alguien que desconocía, y temía, en el fondo, inconscientemente, que estuviese sucediendo otra vez. O que fuera a suceder lo mismo.
-Yo creo que se me dispararon todos esos pensamientos, esa desolación, porque algo que me hace sentir mal es que me mientan, y peor, cuando creen que yo lo hice. Si nunca ibas a confiar en mí, para qué me hiciste confiar en ti. Ese fue el problema esa noche, o “el problema”. Hasta que tiró la puerta y me encontró debajo de la cama sollozando, ya pudo explicarme lo que había pasado.
-Lo siento.
-Está bien, ya pasó.
-No debí dejar pasar tanto tiempo.
-¿Y qué pensaste cuando te dijo el chisme ese?- dijo John, que había permanecido silencioso y atento.
-Me enojé. (Risas) Pasé de estar muy, muy triste, a enojada con él. ¿Cómo es posible que dudaras? ¿Y por qué estás llorando? Todo eso.
-¿Por qué quieres estar con alguien que es perfecta?- preguntó John.
-No. Umm, no sé. Digo… Claro que lo perfecto no existe, es sólo idealizaciones. Pero no sé, con ella realmente me he sentido sorprendido. Y con miedo. No sé, quizá tengo otra crisis de adulto y no sé cómo explicarme.
(Risas)
-Johny, has estado muy callado, ¿qué pasa amiguito?
-Nada, les quiero mucho a ambos.
Mary quiso que platicáramos sobre nuestro miedo más, y terminamos hablando de nuestro afecto. Y quiso hacerlo en un espacio blanco. No había notado que ese espacio blanco estaba pensado como lienzo. Mi cuerpo es su lienzo ahora, así como su cuerpo, el mío. Me gusta que sigamos extrañándonos sobre nuestras acciones. Nos leemos la mente, y a la vez, nos sorprendemos. Es raro. Me hubiese gustado que John compartiera más, pero creo que aún sigue sintiéndose confundido sobre volver a tener una pareja estable o no. A los tres nos hace sentir muy mal que nos mientan. Aunque sabemos que no queremos a alguien perfecto, que no podemos controlar a la gente y queremos aprender a dejar de desear controlar a la gente, no sabemos cómo controlar nuestras emociones. Nos invaden y el tiempo puede pasar sin que lo percibamos. Las emociones se mezclan hasta llegar a un blanco brillante.
¿De qué color es tu miedo?
