Tal vez si dejas ir eso a lo que tanto te aferras , le des paso a lo nuevo que te está esperando

Parafraseando un poco un fragmento del guión de la película ‘Bajo el sol de la Toscana’ una mujer da a su amiga el que yo considero un gran consejo en forma de metáfora, — cuando era niña me encantaban los escarabajos -decía, muchas veces traté de atraparlos y nunca tuve éxito. Sin embargo, una tarde después de intentar atraparlos, quedé tan agotada que sin darme cuenta me dormí en el jardín y para mi sorpresa cuando desperté los tenía a todos sobre mí.
Pues bien, es de conocimiento común que existen miedos en las personas en toda etapa de la vida (como el niño que le teme a las mariposas negras o a perder los útiles escolares y enfrentarse a la mamá, o el adolescente que le teme a no ser aceptado socialmente) y la llegada a la etapa donde se hace la búsqueda de una pareja no es la excepción, de hecho los hay y en muchas formas.
Sin duda el autoestima, las experiencias pasadas (de abandono, pérdida drama, injusticias, desamores, etc) y las vivencias de otros, juegan un papel importante en la profundidad de los miedos en si mismos, pero en general existen y acechan siendo disfrazados con excusas para no exponer los sentimientos mas sinceros frente a los “buitres que están esperando vernos caer” (que pueden estar más en la mente que en la realidad o que realmente se pueden observar a simple vista) y contra los que no es fácil llegar a tener una revancha.
Los temores más comunes cuando de salir de las relaciones de pareja se trata son:
- La soledad- por la idea de no llegar a despertar interés en otra persona con mejores cualidades que la que se tiene actualmente al lado o de que pueda pasar mucho tiempo antes de que eso suceda.
- La inestabilidad- ya sea económica o emocional a la que puede dirigirlo.
- El tener que tratar de regresar a hacer parte de un círculo social donde “quizá ya no encaje” (del que alguna vez se hizo parte y del que después de comenzar la relación amorosa se desvinculó casi por completo).
- Someter (en el caso de quienes ya son padres) a los hijos al fracaso de la relación y a tomar decisiones que no parecen justas ni digeribles para un infante.
Así sucesivamente podría enumerar otros tantos miedos que despierta dar por terminada una relación, por más que esta resulte disfuncional, insatisfactoria y frustrante.
Desde mi perspectiva, así como muchos nos hemos encontrado sosteniendo un vínculo de este tipo, también es cierto que darse por vencido antes de tiempo puede resultar en remordimiento y en dificultades para poder pensar en volver a empezar de ceros. Pero qué tal si ya se intentó todo lo intentable y se sufrió lo suficiente? No es fácil medir ese “suficiente” del que hago mención, pues cada persona tendrá su propio racero para determinarlo, pero en lo profundo cada quién, cuando percibe que se alcanza el límite, tiene 2 opciones y a la final aun hay muchos que pasan en el confort del mismo, más tiempo del que deberían, decidiendo por el miedo y no con la razón.
Resulta ser que hay millones de personas a lo largo y ancho del planeta, que la juventud se va desvaneciendo (y si se trata de la mujer que desea ser madre, el reloj biológico no da mucha espera), que si no afrontamos que estamos aferrados por miedo es practicamente imposible avanzar, si no liberamos nuestra vida de ese lazo que no puede ser tan fuerte como para no ser cortado, podemos estar dejando pasar un sin fin de oportunidades.
No es algo que se decide en un día, ni dos, pero para que llegue algo nuevo y mejor es casi una regla que hay que dejar ir el pasado por completo, no se trata de hacer de cuenta que no sucedió, pero si llegar al punto de desearle un buen futuro al otro, de no guardar rencores, ni pensar que si no funciona entrar de nuevo al “mercado”, esa persona es una opción, un AZ bajo la manga.
Luego, si se vencen finalmente los miedos y se obtiene la victoria mi consejo sería, teniendo en cuenta mi propia experiencia, que para poder encontrar una relación que tenga menos probabilidad de volverse solo una moraleja del pasado, se hace imprescindible visualizar justo lo que buscas en la persona que deseas encontrar y no a la ligera, sino con tantos detalles como sea posible, desde la estatura y los razgos, hasta sus gustos, opiniones y deseos de crecer, la familia que le rodea y los amigos que suele frecuentar.
Al principio puede sentirse extraño o ridículo imaginarse a un desconocido, pero empieza a tomar sentido si se enfoca a que si se tiende a atraer a un cierto tipo de pareja que no resulta compatible, tal vez no se esta atrayendo por una razón particularmente al indicado, habrán filtros mas desarrollados para escoger y finalmente con un poco de suerte llegará quien por ti esperaba también.
Para terminar y volviendo a la metáfora mencionada al principio, luego de visualizado deja que la vida te lleve hasta el, no trates de levantar cada piedra en tu camino buscando pistas, deja que ocurra la magia.
*Enfrentarse, siempre enfrentarse, es el modo de resolver el problema. ¡Enfrentarse a él! - Joseph Conrad.