En algún Lugar

“Vamos Argentina, que orgullo!”

Han pasado ya un par de días y ayer lloré. Ayer lloré cuando en una estación de servicio paramos y recordé algo que me puso la piel de gallina: las cientos de personas que durante el día, noche y madrugada de la Sesión por la votación de la Ley de Matrimonio Igualitario en Argentina estuvimos compartiendo un mismo espacio. Lloré cuando recordé la cantidad de personas de otros países nos decian: “Vamos Argentinos! Ustedes pueden!” “Ojalá nosotros tengamos las mismas posibilidades!”, “Vamos Argentina, que orgullo!”, “Lástima que en mi país no debatimos con tanta altura” “Ya sé donde querría que mis hijos nazcan y mueran, Fuerza Argentinos!!” Y cientos y miles de mensajes más.

Cuando recordé eso, me ahogué y reventé en llantos. Quizás porque no me había posido descargar la noche anterior, quizás porque estaba un poco cansado, quizás porque tenía a mi pareja al lado que me miraba con Orgullo. Pero quizás también por pensar y ponerme en el lugar de ellos. Somos conscientes de lo que nos acaba de pasar? Hemos caído en la realidad de lo que acabamos de lograr? Latinoamérica y el Mundo nos estaba mirando y por una noche, una sola noche de frío, de cansancio, de miedos, risas, lagrimas, chistes, enojos, paciencia y espera estuvimos todos juntos haciendo fuerza para un mismo lado.

Lloré porque me puse en su lugar. Recordé lo difícil que es vivir en un pueblo, lo terríblemente difícil que es huir y no tener donde escapar. Recordé los días de angustia, de llantos, de miedos y temores apocalipticos por algo que no sabía que me iba a hacer tan feliz en la vida: ser libre. Recordé todo eso y ahora que se me viene de nuevo a la mente me vuelvo a contener de no lagrimear.

Lloré porque me dije en voz alta: somos el ejemplo, y debemos ser el ejemplo. Debemos defender al débil de la misma manera que hemos sentido que no nos han defendido. Debemos ayudar. Debemos brindar apoyo y contención y ser un ejemplo vivo de comprensión y aprender a ponernos en el lugar del otro. De empatizar con sus sentimientos. Porque uno, por la vida misma, por las experiencias, pudo haberse hecho fuerte y duro, pero hay quienes piden a gritos que los abracen, los escuchen, los defiendan y los comprendan.

La Ley de Matrimonio Igualitario fué votada y aprobada en Argentina, mi país y me siento orgulloso más que nunca de serlo. No por la razón que la mayoría de la gente piensa sino por otra más básica. No me interesa entrar a una Iglesia vestido de blanco y que me duela la muñeca por el peso del anillo a la salida. No. Es porque desde esa madrugada, esa histórica hora, 4:06 de la mañana me sentí igual que el resto. Porque cuando de Derechos se trata, nunca comprendí porqué Vos sos Diferente a mí. Ni Yo diferente a Vos. Y porque me dí cuenta del enorme cambio que he tenido como persona en este último tiempo.

Lloré por todos los que algún día murieron sin Derechos. Todos ellos se me vinieron a la mente. No los conocí, pero imaginé sus vidas. Y sentí dolor. Y sentí esperanza. Allá, en algún lugar sentí esperanza de un cambio mayor. Un cambio de todos como Sociedad. Sentí Orgullo, y ganas de ir y abrazar a aquellos que desde otros países nos miraban con ojos propios y se alegraban por nosotros. Cuántos de ellos se fueron a dormir esa noche immaginando, pensando una vida mejor para ellos? Cuántos de ellos es anoche, lloraron en sus camas y no tenían a quien abrazar o que los abrace? Alguien pensó en eso? Sentí Verguenza de quienes proclamamos Aceptación y nos somos capaces de aceptar o entender posturas Diferentes. Sentí Orgullo de no ser y de seguir tratando de nos ser así. Sentí Amor, tremendo Amor, Alto Amor por cada uno que esa noche me acompañó. Fueron una gigantesca manta de lana que me dió calor y me ayudó a sentir que no estaba solo. Que en algún lugar estaríamos todos juntos y seríamos Felices. Por el Amor mismo, que es tan generoso. Lloré por las lágrimas derramadas, por la cantidad de corazones rotos que tuve y que hicieron más fuerte mi corazón. Lloré por tener alguien que me tome de la mano y me diga: te Amo. Lloré por el día nublado y la llovizna que caía afuera y por sentirme tan relajado y liberado.

Uno no sabe lo importante que es que te devuelvan algo que es tuyo por naturaleza. Y tampoco sabe lo que es extrañar algo que nunca tuviste. Extrañas algo que nunca fué tuyo, pero que sabés que te corresponde. Lo extrañas e imaginas una vida con eso de vuelta.

Yo sabía que esto llegaría. Sin pensarlo. Me sentí Orgulloso de haber sido yo, mi persona, la que estuvo presente ese día. No lo tenía que leer en algún libro. Yo fuí parte y lo sentí en mi pecho. En la punta de mis dedos en cada tecla presionada. Cada vez que me llevaba las manos a la cara, cada vez que me refregaba los ojos para no dormirme. Yo fuí parte de eso y hace sentirme Orgulloso.

Yo sabía que algún día, en algún lugar seríamos todos felices. Hace un par de noches lo fuimos. Y no me lo voy a olvidar. Jamás.


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