La espalda que rima

La espalda más poética jamás mirada.
Hace unos segundos así lo pensé
y así te lo escribo
sin detenerme un instante pequeñito,
disfrutando estos momentos con el placer de ser
un niño con el tiempo detenido.
Fue por saberla tuya el pensarte en palabras que hablan,
fue por saberla tuya, cruz blanca dibujada
en un fondo azul de cielo y de agua,
que pensé en un amanecer de playa,
fue por saberla tuya que empecé a rimarla
salivando palabras.
Y es que después de mirarte
escribo sin detenerme, sin pararme,
y cuando el pararme llegue
dejaré estas palabras, sin faltas ortográficas,
escritas para siempre,
si el leerlas me place.
Sin corregir,
porque salieron de repente,
salieron para ti de mí.
Cuando vuelvas quizás te las envíe,
no dejas de ser, troyana y flamenca,
la regia princesa Helena
a la que estas pocas palabras escriben.
Pulsemos aquí un insignificante punto de fin.