Arreando gatos

Lis Peraza
Aug 27, 2017 · 3 min read

Ya había escuchado este término antes, varias veces de hecho. Era la inducción común que daba el administrador del proyecto cada vez que había un nuevo líder de equipo.

Esta vez resonaba entre las paredes de la oficina del gerente, era su forma de explicarle cómo había que tratar a los empleados y lo increíblemente difícil de administrar un pequeño equipo de desarrolladores trabajando en la joven startup.

Al principio me pareció un término divertido, pero algo no tenía sentido, algo de esa frase me disgustaba y no sabía bien por qué. Esa fue mi inducción como líder del equipo. Cuando pregunté cómo se motivaba un grupo que trabajaba bajo incertidumbre total, en condiciones no muy gratas, con una presión impresionante y sin nadie de quién aprender, obtuve respuestas vagas y técnicas de “motivación” que rayaban más en manipulación emocional que en liderazgo real.

Al cabo de un rato me di cuenta que poco les importaban sus empleados, obtenían lo que ocupaban de cada quien y luego lo desechaban, cuando incomodaba demasiado, cuando no seguían obteniendo lo que querían, cuando tenían que dar algo a cambio. Entonces sí, resonó como un tambor de guerra una de las primeras lecciones que me dieran en liderazgo:

No lo puede fingir. Le importa su gente o no le importa. No puede fingirlo.

Lo irónico del caso es que esas palabras salían de la misma boca que explicaba su teoría de arrear gatos. Pero lo cierto es que los gatos NO se arrean. Ni siquiera se pasean. Son criaturas increíblemente curiosas, inteligentes y autónomas. Vuelven a casa sólo si es un buen lugar para vivir, si son tratados con cariño y respeto.

Los gatos SIGUEN.

Si usted ha sido honrado por su equipo de “gatos” al ser nombrado como su líder, entenderá que está ahí por ellos y para ellos. Sólo puede hablarles desde el ejemplo. Un equipo autónomo e inteligente no necesita que los motiven, quieren que los inspiren.

Ser humano, vulnerable y transparente es muy poderoso. Si no sabe a ciencia cierta qué va a pasar, dígaselos así, con la confianza de que entre todos van a encontrar el rumbo correcto. Si está estresado a más no poder, sea humilde y pídales ayuda. Ellos no buscan un jefe, buscan un un amigo, alguien en quién confiar cuando el mercado se ponga salvaje, alguien con quien se sienten respetados y libres para poner sus ideas en la mesa.

Sea un buen amigo, busque lo mejor para ellos, corríjalos cuando se equivocan, celebre con ellos cuando aciertan, cuando lograron lo imposible, sepa de qué están hechos, qué les importa a ellos, qué mueve sus mundos. Acepte críticas, mantenga su palabra y discúlpese cuando se equivoca.

Si ellos, como personas, son importantes para usted, usted es importante para ellos y van a quedarse en el barco, a su lado, hasta cruzar la tormenta. Recuerde que absolutamente siempre, su único poder es su gente.

Anuncio en el New York Times para la Expedición Imperial Transantártica, dirigida por Ernest Shackleton en 1914.
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