Ser 100% uno lleva tiempo, sinceridad y mucho coraje. Aunque quizás pienses que no, que nunca tuviste que esconderte o simular, todos tenemos ciertas cartas guardadas sin sentido. Ciertas cualidades que no coinciden con los estereotipos.

Por eso siempre me cautivaron las grandes personalidades, las personas con historias, los “no me importa nada” porque llegar a ese estado debe ser una especie de nirvana. Claro que uno no camina inmune por la vida ni por ningún lado porque siempre algo nos afecta, pero descubrir cómo hacer para que nos afecte menos es un gran secreto.

Y no soy la única. Las grandes marcas (y no tan grandes), empezaron a hablar hace un tiempo con esta gente. Perdieron popularidad, sus negocios entraron en crisis porque los modelos donde todos somos felices no llenaban a nadie. No llenan. Empezaron a comunicarse desde lo “no perfecto” y aquello que “no está bien visto” para hacerlo cool. Todo se volvió boutique: mil modelos de pantalones diferentes para que encuentres el que es único para vos, y menos probable que lo tenga otro.

Por qué entonces, sigue siendo difícil aceptar que puede haber un mundo sin estereotipos? Que quizá no quieras trabajar toda tu vida para tener una casa o que te canses de tener procesos que obedecer, o de un jefe incompetente y decidas abrir lo que es tuyo? Por supuesto que esto no quita que queramos tener el último auto y el último celular para tener lo mejor, pero deberíamos aceptar ciertas cosas para dejar de mirar un consumismo que no nos lleva muy lejos.

La belleza que muestran las grandes personalidades no tienen que ver con maquillaje, tintura, último modelo de auto. Tiene que ver con un acto de rebeldía tan complejo como levantarse todos los días y enfrentar al mundo con lo que uno tiene.

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