Visita Inesperada

Miraba por la ventana penetrando en recuerdos. El olor a miel y arbustos traía a su mente un dorado lugar que contrarrestaba contra el gélido y gris cielo invernal. Pero sus calles…sus calles eran las mismas, si es que se le podrían llamar calles. Mas bien Dédluk estaba enredado por caminos de polvo y charcos. Desaparecían entre los montes y reaparecían entre las cabañas. Serpenteaban detrás de techos coloridos a dos aguas y de las cúpulas marrones tipo “hornero” que salpicaban el paisaje de la aldea, ente los arboles, para tomar rumbo secreto.

Siempre que cocinaba recordaba a su madre y con su memoria era fácil empezar a relacionar los olores y lugares de Dédluk con su antigua casa. Hacia ya casi una década había dejado los bosques de Kormanzhor para nunca volver. Y, aunque la memoria le caía como heladas gotitas sobre su conciencia, Dédluck había creado un lugar para ella. Ella había creado un lugar para Dédluck también. Así las cosas estaban bien, al final de cuentas Dédluk había nacido del trabajo conjunto de diferentes clases y pueblos al proteger el bosque en las ultimas guerras de los espectros. Ella había formado parte y se sentía particularmente orgullosa de lo que habían creado con la comunión de una idea. Habia aprendido en el proceso a valorar las virtudes de todas las razas y, en lo mas profundo, creía haber encontrado un hilo que las unía pero, no de manera horizontal, en dirección hacia el futuro. Una alternativa, el único pacto que podría salvar la bondad y al bosque. Mas que eso! era la única manera de salvar a Toril de la destrucción, al menos para ella.

Y, mientras miraba a las personas de Dédluk caminar como hormigas llevando sus bolsas de mandados por los surcos polvorientos entre los arboles, un fuerte presentimiento la ataco desde abajo. — El pastel! — dijo, dando media vuelta. — Lo he dejado sobre la otra ventana cuando la fui a abrir y con ese pesado molde!!…espero no haberle roto la cabeza nadie- continuaba mientras caminaba agilmente entre cajoneras, botellas, botellones, estanterías, jarroncitos y cajas de elegantes libros cubiertos de cuero. Al cruzar la habitación y llegar a la abertura de su dormitorio corrió con su antebrazo izquierdo la cortina y luego de dar un ahogado grito quedo en esta posición petrificada con la boca y los ojos muy abiertos dándole la espalda al resto de la habitación en la que se había encontrado meditando.

Como tambaleando con las palabras -Ha desaparecido!- dijo en voz casi inaudible y apretó con su mano derecha su vestido irguiéndose sobre la punta de sus pies descalzos como si pudiera ver desde la distancia el destino de la caída.

Tristemente, recorrió en puntillas las suaves tablas de ébano que formaban el piso de su dormitorio. Tropezó torpe con un gran cofre y, apoyando la palma de su mano sobre el, se estiro para ver por la ventana. Hacia baja solo logro ver el tranquilo devenir del intrincado poblado y sus diversos habitantes. Hacia arriba, sobre un grueso tronco, un pequeño y zaparrastroso niño degustaba voraz el pastel haciendo invisible los últimos rastros del blanco de su camisa. El enojo se desdibujo rápidamente de la cara de Riopin y estallo en una agradable carcajada al ver la asustada expresión con la que aquel chico ahora la observaba. Pero lo que le causo mas gracia fue el inusual color pálido anaranjado de sus cachetes haciendo contraste con las azuladas moras que dibujaban sus pequeños labios.

-Pero si pareces un Vampiro niño!! ¿porque no bajas? no te quitare el pastel, puedes caerte y te aseguro que desde allí no sera agradable la caída- Dijo Riopin. El niño calculo el abismo bajo sus pies y tembló por un instante, luego con sus ojos dilatados miro a Riopin serio y contrajo sus labios con temor.

Parece que ahora no sabes como bajar, he!- agrego Riopin sonriendo. -No te preocupes, ahí voy- y salto agilmente por la ventana dando un suave giro sobre el marco. Con un paso felino y mucha delicadeza condujo al niño hacia el interior de la casa del árbol.

Al llegar al interior de la desordenada sala le extendió al niño una pequeña silla de juguete y acerco un antiguo cofre a modo de mesa enana. Pero el niño impasible se limito a observarla con grandes ojos y una expresión de sorpresa centello en su rostro cuando Riopin agachándose hacia el levanto el manto azabache de su pelo exponiendo unas enormes orejas puntiagudas.

-Ves, solo son orejas. No tienen nada de especial- rió la elfa y luego tocando cariñosa el vientre del niño lo interrogo -¿Tu no tienes orejas acaso?- El niño en un parpadeo llevo preocupado una mano hacia su oreja delegando el total del peso del pastel y el pesado molde a la otra, pero Riopin como si esto ni siquiera hubiera sucedido, o como si hubiera sucedido a una extraña lentitud, balanceo el peso con su mirada. Las migas eran fáciles de limpiar, a veces solo se iban soplando, pero el dulce de mora que preparaba…ese dulce de mora podía ser usado tranquilamente como tinta para escribir pero sus apuntes encajonados por toda la habitación, incluso misteriosamente ordenados en pilas sobre el suelo, estaban completos y demasiado encriptados como para seguir agregándole extraños símbolos al azar.

-Bueno tu siéntate aquí- dijo Riopin retirándole el pastel de la mano y colocando este sobre el antiguo cofre de roble, luego tomo de uno de los estantes un pequeño plato de vidrio color cobalto y una cucharita de plata con dibujo de serpiente y sirviendo una porción agrego: — Ahora si, ahora espera, mientras comes te preparare un riquísimo té- y se retiro a través de otra cortina de troquitos y brillantes rocas que separaba el comedor de la angosta cocina.

Dentro de la cocina el desorden era aun mayor, claro que el angosto paso que había entre la pared y la cocina ayudaba, junto con las colgantes alacenas que rodeaban la habitación. Aquella angosta y corta cocina tenia un aspecto como de otro plano, mas misterioso y colorido que un callejón de una ciudad mediana. Ayudándose de un paño abrió un horno de hierro y comprobó que la braza aun estaba ardiendo, a continuación, usando el mismo paño retiro un disco plano de hierro de la tapa del horno y dejo reposar un recipiente de metal al que rápidamente y dando saltitos relleno con una cristalina agua que vertía de un jaro de barro con extraños dibujos rúnicos grabados sobre la alfarería. Casi terminando de rellenarlo, algo llamo su atención y volteando su rostro hacia la puerta pudo divisar al tímido niño parado detrás de la cortina de troncos con medio cuerpo detrás de la pared espiándola.

-Ademas de pícaro eres bastante curioso veo!, tal vez tengas alguna oportunidad como lanzador de conjuros si sigues con esa curiosidad- dijo ladeando su cabeza y dejando escapar media sonrisa. — No me hagas caso estoy un poco loca sabes- completó acercándose y corriendo la cortina lo tomo de la mano y lo llevo a sentarse nuevamente mientras el niño la miraba con embelesados ojos. Luego, acercando una polvorienta silla mecedora desde un rincón, se incorporo a la solitaria merienda del misterioso niño. — estoy empezando a pensar que no entiendes una palabra de lo que digo, ¿cierto?- Dijo Riopin apoyando sus codos sobre el cofre e inclinando la silla peligrosamente hacia adelante. -No me tienes porque impresionar ni perseguir la corriente, claro esta -Se contesto automáticamente, y mirando hacia la ventana que daba a los caminos que serpentean detrás de techos coloridos a dos aguas y de las cúpulas marrones tipo “hornero” que salpicaban el paisaje de la aldea ente los arboles para tomar rumbo secreto, continuo: -Pero algo me dice que no eres de aquí ¿hablas mi idioma? ¿entiendes lo que te digo?-. y volviendo su rostro hacia el niño clavo su mirada sobre el. La mirada del niño correspondió con temor . El sonido, y el olor a miel y arbustos, irrumpieron nuevamente en el caótico comedor de Riopin. Una tensión de siglos entrecorto el habiente en tenues e inusuales rayos que el invierno dejo escapar dándoles protagonismo a los espectadores.

-Abra Cadrabra!!!- Grito Riopin y estallo en risas- El niño cerro sus ojos asustado y al oír la risa de Riopin los abrió lentamente. Luego rió a la par de ella.

-Así que dime, ¿de donde vienes?- inquirió Riopin. Una duda dibujo el rostro del niño y distrayendo la mirada hacia la pared llena de dibujos y mapas dijo: — ¿eso es un mapa?. — claro, es un mapa de Cormyr y ese otro es un mapa antiguo de lo que era todo el bosque de Kormanzhor- dijo la elfa, señalando un mapa aun mas grande y gris que estaba colgado cerca de la pared que daba a la ventana de los caminos que serpentean detrás de trechos a dos aguas y cúpulas marrones tipo “hornero”… -¡Por Cormyr!- interrumpió alegremente el niño! y Riopin volvió a reír.

-Veo que te haz hecho buen amigo de los Dragones Purpuras que andan por aquí- observo. Pero entonces el brazo del chico desendiose y su rostro se cubrió de sombras. Miro lentamente a la hermosa dama de camisón blanco con preocupación.

- Malditos Dragones Purpuras- se quejo.

-Pero ¿que te han echo ellos?- Pregunto Riopin.

-Quieren atraparme, me han encerrado, yo estaba con mi padre y ellos me han llevado lejos- la voz del niño aumento con enojo.

-Y ahora tu has escapado de los Dragones de este pueblo…-reflexiono Riopin.

-No- contesto el niño -viajaba en un barco y luego me despertó Felar, el hombre de la Luna-

-El hombre de la luna- repitió Riopin y dejo escapar una corta carcajada.

-El hombre de la luna es bueno, el me trajo, pero ahora esta con ellos- dijo el niño con menos rencor.

-¿Y con quien mas llegaste? ¿llegaron solos?- pregunto Riopin preocupada.

-Con mucha gente, la gente del asedio dice Felar, pero hay muchas chicas y me da vergüenza- contesto el niño rascando su opacada y rojiza cabellera esparciendo polvo sobre el débil rayo de luz.

Pero Riopin no contesto esta vez, sus ojos se habían perdido en la inmensidad de los ojos avellana del niño y su mandíbula le decía un lento adiós al resto de su rostro. El sonido desgarrador de la muerte entre el fuego y el barro le arrebato el aire desde dentro. Aun lo podía recordar bien. No era como el recuerdo dorado que le traía “la ventana de los caminos que serpentean detrás de techos a dos aguas y cúpulas de barro tipo “hornero”…” sobre el bosque de Kormanzhor, y lo que ella consideraba su niñes, la misma que había abandonado hace diez años cuando partió con su padre hacia Cormyr. Fue el año de la muerte de su madre, eso lo recordaba bien, pero el resto era borroso. Este recuerdo era mas real, no porque fuera mas cercano en el tiempo sino porque había sido grabado con horror sobre la columna vertebral de Riopin. Como un reflejo natural, o mágico, para nunca mas entrar en guerra, ni por delante, ni por detrás.- Y ahora otra vez. Nadie entendió el mensaje, va a volver a pasar- susurro Riopin- Y el sonido burbujeante del agua hirviendo que apagaba las brazas del horno de hierro negro la sobresalto y al mismo tiempo se escucho el grito desde la calle:

-Riopin! Riopin!- ¿te encuentras?- Gritaba un hombre de mediana edad desde afuera.

-Son ellos- susurro el niño inquietándose.

Tu quédate aquí y no te muevas, que no te vean y no te pasara nada. Yo prometo avisarte si son Dragones que vienen por ti.- le sugirió Riopin. El chico asintió con la mirada. Se dirigió a la “venta de los caminos que serpentean detrás de los techos a dos aguas y las cúpulas marrones tipo hornero” y asomo la mitad de su cuerpo fuera de esta sabiendo que el niño no se equivocaba y esa era la inconfundible voz de un Dragon Purpura, pero no uno cualquiera, sino que era la voz del Señor de Dédluk, Zhiombar.

Mirando fijamente a Zhiombar desde la altura comunico palabras en su mente. “Esta aquí, conmigo. Esta a salvo. ¿Tu estas con ese tal Felas”. Y obtuvo una rápida respuesta telepática del hombre castaño que solamente la miraba con peligrosa seriedad. “Orcos. Han sitiado Inmermar. Un clérigo de Selune y un Dragón de la capital han traído a las mujeres y los niños supervivientes con la ayuda de un explorador atravesando un túnel subterráneo bajo la ciudad. Han encontrado al niño tras el asedio. Dicen que puede ser peligroso. Llego envuelto en llamas. ¿estas bien?”. Riopin rió nuevamente pero esta vez fue una risa fugas que dio paso a una expresión de complicidad hacia el niño. -parece que después de todo si eres un lanzador de conjuros, ¿no? o es algo mas…-pensó la hechicera dudativamente. Miró nuevamente hacia el Dragon Purpura y nuevamente implanto palabras en la mente de Zhiombar. “es solo un niño, esta asustado, parece que alguno de los tuyos o alguien con vuestra ropa lo ha maltratado, te recomiendo que si quieres llevarlo con Felar te saques esa sobreveste purpura. Yo bajo enseguida, ve por la otra ventana deprisa”. volviendo, al pasar por la puerta de la cocina, con un gesto de manos rápidas detuvo el sonido del agua hirviendo y corrió presurosa a su habitación desde donde arrojo un viejo tapado por la ventana para luego volver hacia el comedor.

Es un amigo- Dijo Riopin sonriendo. — vuelvo pronto no te vallas. Antes de salir por la puerta principal se detuvo debajo del vitral multicolor y al darse vuelta le lanzo un beso son sus manos al niño. Este enrrojecio y lentamente se cerraron sus ojos con un sonrriza, apoyando sus brazos sobre el respaldo de la sillita que Riopin le había alcanzado dejo reposar su cabeza sobre ellos y durmió plácidamente.

Luego de tomar un te energizaste de los que Riopin se dedicaba a conseguir con esmero en mercados y bosques. Los tres salieron a la calle en busca de Felar. Zhiombar, el Dragón Purpura, Señor de Dédluk, no se avergonzaba de su apariencia ahora que no lleva el peto plateado con ribetes dorados y capa purpura que traía puestos al llegar a la casa del árbol. En vez de esto, vestía el sobrio sobretodo que Riopin le había lanzado por la ventana. El niño a su vez lucia una camiseta nueva de un color ocre algo larga en las mangas pero la elfa las había arremangado cuidadosamente a su medida. Sobre la camiseta llevaba enroscada con gracia una túnica turquesa que cubría su cabeza y cuello. -Es para que te abrigues y no te vean los Dragones Purpuras — le había dicho Riopin, guiñando un ojo. La joven hechicera elfa Riopin le agradaba al niño y aunque su excéntrico amigo del tapado le inspiraba desconfianza no lo preocupaba demasiado ya que el hombre no le prestaba demasiada atención. Si algo lo tranquilizaba, ya desde mucho tiempo antes del secuestro, era que lo dejen respirar y le den espacios. No recordaba muchos de estos momentos. Casi nunca podía jugar solo y, en ocaciones, por semanas enteras no veía la luz del sol, ni salia a correr mariposas como los demás niños de las historias que oía de su padre.

La parte baja de la casa de Riopin daba a una zona cubierta por troncos desmesurados. Las simpáticas escaleras formadas por troncos salientes abrazaban en extensas espirales a todos y acá uno de los arboles. El piso estaba cubierto de rocas diversas en esta parte del monte que era en si Dédluk. Hacia el Oeste se extendía un inmenso claro. Zhiombar había pensado en este detalle, no habitar el valle, ni el claro, comenzar los puestos de vigilancia y las zonas residenciales sobre el comienzo de este antiguo monte aprovechando de esta manera una muralla viva que los hechiceros y druidas de Dédluk sabían hacer valer. En la que los arboles desafiaban invasiones y nubes. Hacia el Este el bosque ganaba en densidad lo que perdía en altura y comenzaban los arbustos de dulce aroma. Aquí, en la segunda franja Oeste de Dédluk se fabricaba Hidromiel, como casi en todas las inmediaciones del poblado, pero también este sector se beneficiaba de plantaciones de frutillas y moras. Algunos silos y talleres se levantabas sobrios en maderas oscuras, rodeados en ocaciones de perros o animales aun mas extraños. Muchas casas poseían caballos o mulas que eran criadas en el norte, en las zonas de pastoreo real, otras en las alturas disfrutaban de la compañía y los servicios de águilas y palomas, que extrañamente convivían, al parecer, reposadas sobre los mismos marcos. Los ruidos de carretas y martillos también comenzaban en este punto, mientras el serrucho marcaba el compás.

-Estamos preparando un ofensiva con el fin de rescatar a los hombres de Inmermar, tal vez si nos apuramos lo logremos, Felar me dijo que podrían resistir una noche mas- Dijo Zhiombar, apurando el paso.

-¿quieres que valla y vea que puedo hacer?- se ofreció Riopin tomando el brazo del caballero.

-No, no debería ser necesario, el clérigo y su compañeros recuperaron una buena cantidad de pociones de manos de los orcos, ademas aquí tienes visitas parece- respondió sonriendo al niño que caminaba detrás de Riopin tomando su mano.

-Sabes que lo volvería a hacer si así lo dictara Tymora- repuso la hechicera- Ya estoy mucho mejor ¿sabes?.

-¿Ya no te atormentan los fantasmas de la guerra?- pregunto Zhiombar. -¿como duermes estas noches?.

-De mil maravillas, he podido volver a soñar con las estrellas de Mysta- contesto Riopin y alzo su cabeza hacia el cielo cargado de nubes grises y frías que habían vuelto a cubrir el sol entre la copa de los arboles.

-Felar esta en la Fortaleza de Piedra- continuo Zhiombar. -esta junto a Todblyr y Loras, el explorador y el soldado. Parecen de fiar. Son apenas unos jóvenes pero han demostrado gran valentía si es que sus relatos son ciertos, no podía hacer menos por ellos — concluyo.

La gente de Cormyr tiene la merecida fama de ser aguerrida en la batalla pero aun mas de ser presta para ir al frente contra cualquier fuerza oscura que ose tocar su tierra, pero Dédluk era una excepción. Desde su fundación fue una ciudad pensada para no dar refugio a los Orcos y otras criaturas dentro de los bosques del rey. Claro que luchaban aguerridamente, pero pocas veces las incursiones salían desde Dédluk a otras partes de Cormyr, mas que eso, muchas veces en el pasado fueron las tropas de Suzail las que evitaron la desaparición de la floreciente villa. Pero ahora era distinto, la ciudad mas asediada en la historia moderna de Cormyr esta vez se alistaba para proteger a sus vecinos. Y esto Zhiombar lo sabia. Sus secos labios eran apenas visibles en una linea recta y sus ojos desprendían un brillo inquietante. Dejar al cincuenta por ciento todas las fuerzas de defensa de Dédluk para proteger a las avaras familias de Inmermar que habían desoído los consejos de fortificación y rechazado amablemente y con orgullo la instalación de tropas permanentes de Dragones sobre el puerto, lo inquietaba. Lo llenaba de un temor. ¿habría una trampa?, ¿acaso mentían los aventureros?. Después de todo el estaba tomando la decisión de ayudar por ellos. Habia vuelto a despertar un tímido anhelo de aventura en el y un cosquilleo que lo advertía que se estaba oxidando al ver a los tres muchachos desesperados pidiendo sus fuerza. Ellos creían y habían arriesgado su vida. Como ahora se apresuraban a hacer muchos otros hombres que con sus arcos se acercaban hacia la plaza de piedra para atender al llamado de Inmermar. Loras, el guerrero purpura, había hablado con esperanzas de salvar a Inmermar, casi con ingenuidad, pero su morado ojo casi cerrado y el corte a lo largo de su frente que lo acompañaba tiñendo medio rostro de sangre seca estaba lejos de ser ingenuo o, al menos, inexperto. El explorador no se encontraba mucho mejor y hasta el clérigo Felar mostraba los evidentes rastros de noches sin descanso y sin tregua. La suciedad, las ojeras cansadas y las gotas de sangre eran la sobreveste bajo frentes sudadas de este peculiar ejercito de tres hombres jóvenes y llenos de esperanzas salidos de la oscuridad. ¿Como negar la ayuda al espejo de las décadas? ¿como darle la espalda a las ilusiones que avivamos cuando aparecen con tal esmero en nuevos rostros?.

— Sabes que si no me llevas no tienes porque temer por Dédluk — corto el silencio Riopin. Y se hecho a reír con su risa aguda de setos y moras. — Así que puedes cambiar esa cara. — Zhiombar, frunció un poco los labios y continuo en silencio.

— Si tienen intenciones ocultas sabes que lo descubriré en un instante cuando los vea. Apuesto que es para eso que has venido a buscarme — Dijo Riopin mirando al niño que iba perdido exaltándose con el vuelo de las extrañas aves que poblaban esta zona de Dédluck. Pero Zhiombar no ofreció respuesta alguna. Riopin volteo rápidamente su cabeza elevando sus cabellos negros por el aire y miró nuevamente al frente. Mas adelante, a unos 200 metros ya se podía ver el gran solar que formaba la plaza central de Dédluck y, detrás de el, La Fortaleza de Piedra.

El bosque nublado era hogar desde hacia tres años de hombres, elfos y semi elfos. Claro que también había Gnomos y Medianos pero eran escasos. De hecho la ciudad de Paso del Trueno era la favorita de estos últimos para vivir en esta nación guerrera, Cormyr. Pero aquellas tres razas confluian en estos castigados y antiguos bosques de Cormanzhor. Como si Cormyr y Cormanzhor, al menos aquí, fueran uno solo. Humanos y Elfos, al fin juntos. Riopin pudo ver a través de los puentes y monumentos que decoran el solar de roca dos hombre que al verlos cruzar en diagonal la esquina sur tomaron paso acelerado hacia ellos. Felar, supuso Riopin, por el manto plateado de estrellas que cubría su pecho, levantaba sus brazos sobre su castaña cabellera en un gesto de alegría. Mas atrás avanzaba a paso firme y osco un caballero alto de tez clara cubierto por una capucha verde oliva. Y ese otro debe ser Todblyr, pensó Riopin. Estrellaron las manos de Zhiombar y rápidamente el niño se abrazo a las piernas cubiertas por las plateadas túnicas de Felar.

— Parece que recuperaste a tu hijo- dijo Zhiombar, Felar rió amablemente y pregunto: — ¿donde lo habéis hallado? .

— En la casa de una amiga, Riopin — contesto Zhiombar y completo — creo que se ha comido uno de sus ricos pasteles. —

— ¿ha causado inconvenientes? — inquirió Felar levantando su vista hacia la hermosa dama de blanco.

— ¡Para nada! le aseguro que pasamos un buen rato, entro por mi ventana intentando robar un pastel de moras que tenia enfriando para la merienda — contesto Riopin sonriendo

— Disculpe — le contesto Felar — Yo me haré responsable por los daños que pudo haber causado. Era mi deber vigilarlo.

— No se haga problema mi buen hombre, le aseguro que el chico es un encanto y nos llevamos bien — dijo Riopin mientras el niño asentía con su cabellera enrulada.

— Es un honor para mi conocer un elfa por aquí — dijo Felar complacido, comenzando a caminar en dirección a la plaza, con sus monumentos, puentes y la hacia la torre central de piedra.

— Veo que tenemos algo en común, la misma sangre corre por nuestras venas — le susurro Riopin a Felar tocando una de sus orejas.

— Así es, mi madre era una elfa. Viví mucho tiempo en los bosques de Kormanzhor — respondió Felar. — ¿Usted de donde es?.

— Yo también viví de chica alli — Respondió encantada. — ¿ de que parte?

— Ceca de Voohlar, ¿Usted?-pregunto el semielfo.

— un poco mas cerca, en el bosque de Yelmo de Peldano. — contesto Riopin y continuo — Has venido desde lejos pero de algún modo sigues allí.-y Miro al niño pelirrojo que se encontraba detrás de Felar, y que de algún modo se había empezado a alejar de ella nuevamente.

— He tomado el camino de la Luna — respondió alegremente y levanto su bastón pulido. Hacia la punta superior éste se ensanchaba y con un giro engarzaba una roca lunar plateada que Riopin pocas veces había visto quedando fascinada. Esta ahora apunto hacia el horizonte y por un breve instante Riopin pudo ver una tenue luz pálida despertar en el corazón metálico de aquella roca. — Magia Divina, pura y sin maldad — pensó Riopin. Pero lo que mas le gustaba era la lejana colisión de asteroides, mas allá de la luz pálida y benévola colisionavá en un eterno caos. Para Riopin estuvo claro desde entonces; los dioses habían comenzado a tejer, y no se habitan olvidado de embellecer su juego para ella. Si ellos no fallaban en su parte, ella haría lo necesario para salvar el espíritu del bosque y, en definitiva, a toril.

— Veo que no es la única, el pueblo tiene una gran población de elfos y semielfos- acoto Felar.

— Dédluk es el canto del bosque, de gloria y agonía. — contesto solemne Riopin y agrego; — Vea, aquí se ha logrado lo que pocos han logrado, la guerra nos recordó que el bosque no termina en las fronteras políticas y religiosas, hemos entendido que juntos no perdemos el tiempo, no nos frena el conocimiento, no nos acorta la vida compartir y protegernos. Partí con mi padre hacia Cormyr con la esperanza de no volverme como ellos. No cerrarme en mi orgullo de bondad y nobleza. volviendo mi rostro de espaldas hacia el resto de las razas porque me han lastimado una y otra vez, nos hemos olvidado que nosotros despertamos la antigua ira del dragón y que solo los Caballeros Purpuras de Cormyr miles de años después, tras luchar a sangre y hierro la herencia de los elfos del bosque, han podido derrotarlo. Cormyr es el único garante de un viejo trato. Que solo salvó la inmortalidad tranquila de los elfos del bosque. — sus palabras salían como brizas suaves y para Todblyr que los seguía de cerca con sus largos dedos aferrado al cinto de cuero era como si el clérigo y la dama hablaran leyéndose los labios.

Llegando a la mitad del recorrido enfrentando la plaza, a través de los monumentos, debajo de puentes colgantes, justo delante de la torre de piedra y dos enormes Dragones Purpuras que custodiaban la puerta el chico se clavo como estaca al suelo. Petrifico sus brazos en torno a la pierna de Felar, Riopin miro a Zhiombar y con un gesto de cabeza le indico que cruzaran alejándose de los soldados.

— ¿Que vamos a hacer? — pregunto Todblyr retirando una de sus manos del cinto y llevándola a la Daga que tenia enfundada. — El niño debe quedarse, no es una prioridad en este momento.

— Puede que tengas razón, en todo caso no podemos entrar en la fortaleza de piedra con el, evidentemente tiene un gran problema con los Dragones Purpuras — dijo seriamente Zhiombar levantando su mentón pinchudo hacia las murallas decoradas de trilobites— por eso es que voy vestido de esta forma — completo.

—¿ Y no podrá quedarse con su amiga Riopin? — pregunto Todblyr.

— ¡No! contesto Felar, no queremos molestarla y ademas… — bajando la voz dijo; —… el niño llego en llamas cuando lo encontramos. —

— Eso no va a ser problema — respondió Riopin. — aunque seria muy bueno si ustedes conocieran un Mago de Guerra. — respondió mirando repentinamente a Zhiombar.

— No hay tiempo para eso — argumento Zhiombar, tenemos que detener el asedio de Inmermar esta noche, debo partir, y aunque tu sabes… — tomo el hombro de Riopin con afecto — no puedo, ni conozco ningún Mago de Guerra que pueda ayudarnos en este momento, vas a tener que ser vos… — sentencio cerrando los ojos por un instante y suspirando. Riopin no rió esta vez, en vez de eso su cara adopto un tono sombrío pero tan férreo y peligroso como el de una espada de forja al ser enfriada para matar.

— El niño por esta noche puede quedarse con Riopin, parece que se llevan bien — aseguro Zhiombar. Y nadie contradijo el consejo del Señor de Dédluk.

— ¡Si! ¿No es cierto cabeza de zanahoria? — dijo Riopin y le regalo una ancha sonrisa al pequeño niño que no se alejaba de la sombra de Felar Lynch.

— Ve con ella y pórtate bien — dijo Felar seducido por Riopin que ahora se agachaba frente a el para ponerse a la altura del niño dejando su estela de madera y moras en la punta de la nariz del clérigo.

Los tres hombres, ni bien la elfa separo al niño de los brazos de Felar, que lo había abrazado en una cálida despedida, cortaron la plaza en dirección a los portones del arco que se abría en el muro de trilobites reforzado para soportar embestidas y avalanchas de orcos y trasgos. Mas allá de los monumentos, los puentes, la torre de piedra, sus Dragones Purpuras armados y la soledad de un único rayo de luz sobre el gran reloj marcando las siete de la tarde. El niño comenzó a moquear y cuando la primer gota estaba por caer de sus ojos, Ripion, que estaba arrodillada, acerco su cara casi hasta tocarle con sus espesos labios los labios al chico y este se enrojeció y encogiendo sus hombros limpio su nariz con la manga del la camiseta ocre. Rápidamente la hechicera capturo la mirada fija del niño y falseo la voz ; — ¡Abra Cadrabra! — y el niño exploto en risas abrazándola. Se tomaron de la mano y volvieron por el mismo camino, uno de los tantos caminos de polvo y charcos que se entrecruzan en Dédluck. Uno mas que serpentea detrás de techos coloridos a dos aguas y de las cúpulas marrones tipo “hornero” que salpican el paisaje de la aldea entre los arboles para tomar rumbo secreto.

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