La Snap Generation en tiempos de fugacidad

“Este mensaje se autodestruirá en 3, 2, 1… boom!”. Tal vez Evan Spiegel y Bobby Murphy nunca pensaron o se inspiraron en el Inspector Gadget cuando decidieron crear una fórmula a través de una aplicación para que las fotos se autodestruyeran al cabo de unos segundos y no se quedaran registradas. Esta es la idea embrionaria y revolucionaria de Snapchat, la aplicación de la que todo el mundo habla y que parece que ha dejado de ser una moda de críos.

Snapchat ha roto con varias normas implícitas de la era de Internet, empeñada en crear plataformas en las que todo se guarda y documenta y la permanencia de estos contenidos parece persistente y asíncrona en el tiempo (Berger, 2013). La forma de consumir el “Live” en redes sociales hasta ahora habían sido impuestas por Facebook y Twitter, en la que el concepto de tiempo ha sido “re-estandarizado como el tiempo de los medios sociales”, según Kaun y Stiernstedt. Es decir, que las redes sociales y la influencia del acceso desde móvil han hecho que las personas tengamos el control total de la experiencia y una nueva conciencia de los lapsos de tiempo.

Más que con Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra de estas redes, Snapchat podría compararse a la primera emisión de radio o televisión del siglo pasado: se lanza un mensaje y… “eso es todo amigos”. Y bajo esas premisas nos podríamos preguntar: ¿Quién va a querer enviar un selfie que desaparecerá en 10 segundos? ¡¡Millones de jóvenes que quieren huir de las redes en las que ven cómo sus padres comentan y postear sin control, por ejemplo!!

En agosto de 2014, 40% de los 18 años de edad en los Estados Unidos empleaban Snapchat a diario. El 45% de sus usuarios son menores de 25 años. En la actualidad, ya son más de 100 millones de usuarios, 7 billones de vistas diarias de vídeos y un volumen de negocio cercano a 200 millones de dólares de un público totalmente joven. ¿Qué empresa no desearía formar parte de este selecto club? Snapchat desde 2005 permite a muy pocas marcas sumarse a su familia con Discover.

Pero ninguno de estos elementos o funcionalidades son las que han hecho de Snapchat un hit. La red ha apelado a algo intangible y es que “hace feliz a aquella persona que lo utiliza”.

Joseph Bayer, de la Universidad de Michigan, ha publicado un estudio en este sentido: “Muchas personas ven a Snapchat como una aplicación para sexting. Pero en la realidad, hemos descubierto que la plataforma se utiliza normalmente para comunicarse de manera espontánea y agradable con amigos cercanos”. Han conseguido detectar que las interacciones en Snapchat provocan “emociones más positivas que con Facebook y otras plataformas sociales”. De hecho, el caracter efímero de las fotos y contenidos que se suben a Snapchat produce una “recompensa emocional” muy satisfactoria en sus usuarios, probablemente porque “Desde que Facebook se convirtió en un espacio para compartir grandes momentos bien elaborados, como bebés, graduaciones y cumpleaños, Snapchat parece proveer a los usuarios de un espacio distinto para compartir pequeños momentos”.

Y, ¿cuál es el siguiente paso? Muchos vaticinan que después de la imagen y el vídeo, será la voz la próxima conquista.

Para profundizar más: Sharing the small moments

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