Entonces saber si estaba muerto o vivo ya no era importante.

Al final todos moriremos y no es una reflexión coelhiana, mas bien un pensamiento vil y pesimista. Cuando morí la primera vez no supe si era un sueño o una visión, todo parecía normal y las cosas eran como antes. Cuando moría por segunda vez las cosas fueron siendo levemente diferentes, el sol ya no brillaba tanto y los amigos eran casi como si sus rostros eran de yeso porque cuando llovía se les escurría la pintura de sus facciones. Para ser un poco sincero, no supe en qué momento me di cuenta de que ya no moría y ni cuántas veces morí hasta este día. Los besos ya no son iguales y la piel de tu cuerpo ya no se adhiere como antes a mis manos y creo que ya no sé si te conocí en el cine aquella tarde de noviembre cuando supuestamente vimos una película que por cierto era un asco de película. Entonces cuando ya no tenías el mismo sabor creí que estaba soñando un mal sueño y quise despertar pero cuando intenté hacerlo una mujer me dijo que vos te habías muerto y que todavía podía verte sin el algodón en tus orificios nasales pero que no podía verte ya mas a los ojos, supe que ya no era un sueño porque cuando le quise preguntar algo ya no pude hablar y la lengua me sabía a rancio y quise vomitar pero el horror al descubrir que tenía los dientes sellados me hizo desmayarme.

Final sin argumento.