40 años y seguimos perdiendo…

Hoy, 24 de marzo de 2016, se cumplen 40 años del golpe de Estado cívico-militar en Argentina.

El contexto en el que se produce el golpe es en el del caos. Perón había muerto, su reemplazante la vicePresidenta Estela Martínez lo había sucedido pero estaba de baja, el Presidente del Senado Luder la reemplazaba a la nueva Presidenta y el macabro López Rega, creador de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista) tenía todo el poder. «El Brujo» tal como se conocía a este criminal despiadado hacía del terror su política… así que la oligarquía y los poderes fácticos golpearon las puertas de los cuarteles y obtuvieron el apoyo inmediato de los milicos que creyeron que el grado más alto de su carrera era el de Presidente de Gobierno.

La Junta instauró el shock de inmediato. Los comunistas, socialistas, anarquistas y cualquiera que pensara o tuviera un sesgo zurdo era el enemigo. El Ché Guevara había sido asesinado en Bolivia pocos años antes, pero su labor había sembrado esperanzas de cambio en todo el mundo.

La Junta Militar estaba conformada por las 3 fuerzas y comenzaron lo que se denominó «El Proceso» desapareciendo personas, torturándolas, violándolas, robándoles muebles, inmuebles y hasta hijos nacidos en cautividad (algunos fruto de violaciones sexuales), la eugenesia era la creencia habitual para hacer desaparecer el gen rojo, y muchos más crímenes de lesa humanidad.

El objetivo era doble y no solo argentino. Por un lado, la oligarquía había perdido terreno en favor de derechos para toda la población. Desde los primeros gobiernos democráticos de la década del 20, pasando por los primeros gobiernos de Perón y los de Illia y hasta del propio Frondizi, sin contar los numerosos golpes de Estado intercalados durante medio siglo, estos perdieron privilegios y querían recuperarlos a toda costa.

Ante el avance del comunismo americano que se había producido en la década anterior y el Estado de Bienestar europeo, la oligarquía patricia formó parte fundamental del golpe de Estado, con el apoyo de casi todos los medios de comunicación y el borreguismo de gran parte de la sociedad. En fin último de estos oligarcas era volver a tomar el poder, aunque sea a través de los militares, y así volver a recuperar el terreno perdido en lo económico.

Por otro lado, los militares formados en escuelas de corte fascista y con gran apoyo del ala conservadora de la Iglesia Católica, se veían así mismos como salvadores de la patria y los únicos que sabían gobernar.

Pero hay que analizar no solo lo que sucedía internamente en Argentina, si no también lo que pasaba en el resto de América y del mundo. Como mencioné antes, Cuba era el «gran enemigo» en América, muy cerca de los capitalistas Estados Unidos y con el apoyo de la Unión Soviética. Era aún época de Guerra Fría y las luchas indirectas entre las dos súper-potencias seguían dejando rastro por todo el mundo. Además, el oro líquido era controlado sobre todo desde Oriente y la crisis del petróleo había tenido lugar pocos años antes.

Pero muy cerquita de Argentina estaba el gran experimento de la Escuela de Chicago: Chile. Esta escuela económica pseudo-liberal que abogaba en cambio por el control total de leyes en favor de los grandes grupos económicos, de la mano de obra barata o esclava y de la absoluta falta de derechos para las personas, se había instaurado en el país hermano de la mano de un militar autoritario y poco inteligente (aunque con mucho ego) que golpeó al gobierno socialista de Salvador Allende con la ayuda fundamental de sindicatos fascistas como el de los camioneros, que impidieron la llegada de alimentos a Santiago de Chile. Pero sin el apoyo y la formación de la CIA probablemente no hubieran ido tan lejos los golpistas.

Esto mismo sucedió en Argentina, aunque con algunos actores cambiados. La jerarquía eclesiástica, siempre conservadora, la mencionada oligarquía, y el borreguismo dieron pie a que la Junta instaurara el terror como forma de gobierno. Hoy en día que tan fácilmente se nombra terrorista a cualquiera, me parece fundamental decir que el primer tipo de terrorismo histórico que hubo en las modernas democracias fue el Terrorismo de Estado.

Se calcula que hubieron más de 30.000 personas detenidas-desaparecidas durante la dictadura argentina, aunque hoy algunos fantoches, como Darío Lopérfido, lo nieguen. Las Abuelas de Plaza de Mayo estiman que hubo más de 500 nacimientos en cautividad desde el 76 al 83, y que la mayoría de las y los menores fueron entregados a familias de las fuerzas armadas y/o relacionados con estas. La deuda externa argentina creció exponencialmente y los oligarcas lograron que sus deudas privadas pasaran a ser deuda pública.

Desde distintas organizaciones, ya en dictadura o en democracia, trabajaron para el esclarecimiento de la verdad, por la verdad, la justicia, la memoria y la reparación. Se juzgaron a las Juntas, se las indultaron, se las volvieron a juzgar, se promulgaron leyes de impunidad, se crearon espacios para la memoria, se derogaron esas pésimas leyes y a día de hoy, 40 años después, se sigue investigando, denunciando, recuperando la identidad y la historia de miles de personas.

Lamentablemente en las elecciones nacionales pasadas, en segunda vuelta, fue electo un miembro de la oligarquía, neoliberal y populista, machista y negacionista. Por esa razón, hoy más que nunca, quienes nacimos en democracia o en dictadura tenemos el deber ético de seguir luchando por los DDHH de las 30.000 personas desaparecidas y de todas las personas que vivimos o vivieron esos tiempos.

Las personas estamos hechas de Historia personal y colectiva y debemos conocerla para no volver a cometer los mismos errores del pasado y del presente y para instaurar una democracia real y definitiva basada en los Derechos Humanos y en bien común.

Por la verdad, la memoria, la justicia y la reparación. Por Argentina, por América y por todo el Mundo. Para que se acabe el neoliberalismo en el mundo. ¡Ni olvido, ni perdón!

¡Justicia!

¡Nunca más una sola persona desaparecida en nuestro nombre!

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