Un libro de esos

Hace meses compré un libro que en la portada traía la medallita Newberry. Esa que le dan a ciertos libros por ser un ejemplo y una gran contribución a la literatura infantil y que los dos o tres que leído (“Graveyard Book” y “The one and only Ivan” para ser más precisos) fueron publicados y premiados hace un par de años y me han hecho muy muy feliz. Si usted busca ser feliz un ratito, lea en especial el segundo.

Éste libro es “A wrinkle in Time”, un libro que se ganó esa medallita en 1963.

Pero lo interesante de esta historia no es la medallita (aunque es importante hacer notar la relevancia de que se la hayan otorgado para más adelante en la historia), si no lo que escuché que dijo la autora en una grabación introductoria al libro.

En ella dice que es un libro que pasó mucho tiempo siendo ninguneado porque los editores/autores no sabían dónde acomodarlo ni para quien estaba dirigido, habla de todas las ocasiones en que le decían que era un libro muy complicado para que los niños lo entendieran y disfrutaran. Sin embargo cuando ella se lo leía a sus hijos de 9 y 11 (y amigos de la misma edad) estos se emocionaban, le preguntaban qué seguía y la animaban a seguir con la historia.

Ahí fue cuando llegó a la conclusión de que el problema con su libro no eran los niños sino los adultos y sus paredes erigidas, sus ideas preconcebidas, sus cansadas ganas de escuchar y lo que para ellos las cosas tenían que significar.

Yo, por otra parte, tengo un libro de esos que acabé hace un año. Con exactamente el mismo problema. Al escuchar esto le sonreí y le dije “mira, no eres el único”. Y eso me llenó de esperanza para empujarlo a que se de a conocer un poco más.

O un mucho.

O lo que sea necesario.

Yo, por otra parte, soy también un libro de esos.

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