Crónica rosa

Dado que no soy crítico literario y esta entrada busca de todas formas reproducir el tono de confidencia informal del libro que vemos arriba, tengo que comenzar por lo obvio y decir que nunca conocí personalmente a Xavier Àgueda y por lo tanto para mí resulta casi imposible separarlo de su personaje de “El Listo”, protagonista de uno de los webcómics más antiguos que conozco y al que he seguido religiosamente desde aquellos años que viví en Barcelona. Voy a darles a ustedes un voto de confianza y asumir que si han llegado a este texto y han ido más allá del título y la imagen que acompaña estas líneas es porque conocen este webcómic y lo han disfrutado durante estos años tanto como yo, pero por si acaso no es así, entonces están a solamente un clic de solucionarlo. Vayan tranquilos, que yo espero.

Me resulta muy fácil comentar esto porque a pesar de ser un ignorante en todo lo que se refiere a los cómics (tanto aquellos en papel como aquellos en formato web), El Listo sí que tuvo un significado especial para mí porque me acompañó durante muchos años y me sentí muy identificado con su protagonista no sólo por las características del personaje (que si algo demuestra, tal como afirma su autor, es que a veces la inteligencia no necesariamente representa una ventaja sino todo lo contrario) sino también por las situaciones en las que se metía, siendo la principal esa lucha a veces interminable entre la necesidad de expresión artística y el lado más pragmático de la vida. En aquella época recuerdo que trabajaba para una teleco en Barcelona y solía imprimir algunos de los cómics que más reflejaban mi estado de ánimo del momento y los pegaba por la oficina para el disfrute de mis compañeros. Me agrada pensar en ocasiones que alguno de esos ejemplares en A4 le ganaba aunque sea un lector más a la web.

Este en particular fue el que causó mayor sensación en el sitio donde trabajaba. Pueden verlo en el sitio original pulsando aquí, y así disfrutan también de los comentarios.

El fuerte de El listo no eran precisamente los dibujos (aunque a mí me gustan y me parecen muy apropiados), sino la escritura y el tempo cómico, y algo que hemos podido comprobar cada vez que se ha metido a hacer textos largos es que Xavier Àgueda es un muy buen escritor con un manejo de la anécdota que en ocasiones me gustaría que explotara más, ya que precisamente varios de los mejores recuerdos que tengo de su blog pertenecen a aquellas ocasiones en las que ha narrado historias de su vida cotidiana muy interesantes y que han generado una amplia discusión. Esto es precisamente de lo que trata Una amante complaciente.

Aunque la estética del libro remita (tal como el autor revela) a las famosas portada eróticas de La sonrisa vertical, no se trata de una novela sino de una “carta de amor de 153 páginas” que su autor escribe al oficio de webcomiquero en el que lleva metido desde hace ya más de una década. Se trata de una crónica entretelones acerca de la creación no sólo de El Listo sino también de todo el mundo de los webcómics underground que al menos en mi caso ha resultado ser una experiencia pedagógica. El libro está narrado sin capítulos, como un único chorro de texto en el cual Xavier Àgueda habla de sus inicios como comiquero, su paso por varios fanzines y algunas anécdotas acerca de su trabajo siempre contadas desde una humildad nada impostada y demostrando un auténtico amor hacia su trabajo que está por encima de las evidentes dificultades que todo proceso creativo trae.

Creo que esto último es lo que me parece más destacable del libro; en una época como esta en la que tantas veces se destaca lo negativo y en el que parece que la principal tarea de la mayor parte de los autores y creativos en general es la de marcar posición frente a algo (esto es cultura, esto no; yo no leo/veo/escucho eso; esto es bueno y esto no; este movimiento es una mierda y este no; este género es bueno y este no) el encontrarme con un texto que defienda el trabajo propio por encima de todo y la formación de una comunidad de autores unidos por el entusiasmo de hacer cosas y no por lo que esas cosas significan frente a todo lo demás es algo que no solamente me interesa sino que incluso agradezco personalmente.

Y es que al final esto parece ser el principal motivo tras la existencia del libro y la escogencia del título, esa reivindicación del término amateur y de lo que significa tener esa necesidad interna de sacar el trabajo creativo adelante en una época en que parece que lo único que importa es la decadencia de las estructuras a la que llamamos “crisis del sector”. Más que carta de amor, yo veo Una amante complaciente como una crónica autobiográfica que se siente cercana y honesta, y una muestra excelente no sólo del sentido del humor de Xavier Àgueda y el “Listo” (inseparables a estas alturas, me parece a mí) sino de las innegables satisfacciones que da el dedicarse a un oficio que en ocasiones parece una batalla que se libra con desventaja. Para todos aquellos que amamos la escritura y que de vez en cuando necesitamos un soplo de ánimo este libro es amor del bueno.