Hoy le envié rosas y no las aceptó. Seguro fue muy atrevido de mi parte, ¡claro! No estoy en su posición y creo que recibir rosas rojas en mi oficina tampoco sería apropiado. Sin embargo lo hice. Le envié rosas pero no las aceptó.

Nunca nos hemos visto, solíamos hablar por redes sociales hasta que también dejó de hacerlo. No hubo explicación, no hubo excusas. De un día a otro no hubo más mensajes. No hubo buenos días mucho menos buenas noches.

Se había ido, y con su ida parte de mi felicidad. Le pienso y mucho. Solo tengo una foto que me envió y sé que lo hizo sinceramente. Aún sigo pensándole mientras escribo y es raro porque quiero estar a su lado, despertar sus mañanas y sentirle mucho.

Pero no sé cómo es, ni que le gusta. Si lo que me dijo fue alguna vez cierto o si tiene miedo. O si simplemente no le gusto. Pero no dijo nada. No dio ninguna señal. Nunca me ha dicho que no. Solo me tiene aquí creyéndome loco por su compañía.

Y a veces me siento triste como si le hubiese perdido, luego pienso que nunca le he tenido, pero que quiero tenerle. Hoy le envié rosas y espero que al menos se haya alegrado de verlas y que dijo que no por miedo, por vergüenza o por sus valores.

Hoy le envié rosas y una mezcla de sentimientos me abaten. Hoy le envié más que rosas, le envié mi corazón con ellas también. Sentí en mi boca un te quiero. Necesito un amor sincero. Tal vez ya le encontró y no está conmigo.