No hay afán

Hoy, mientras ordenaba un poco mi cuarto, encontré una foto de mi vida universitaria. Tantos recuerdos, tantos amigos, buenos y malos momentos, noches sin dormir y hasta días durmiendo.

Y al recordar todo, una repentina y suave nostalgia llegó a mi rostro. Ya no era ese universitario. Ya no tenía esos buenos y malos momentos. Ni la gran cantidad de amigos, o al menos gente conocida, como lo solía tener.

Estando allí, vino a mi mente la gran pregunta que muchos me han hecho “¿qué es mejor, ser estudiante o ser un asalariado?” Y a todos les respondo, ambas. Y nadie me entiende. Por eso explicaré.

Soy de ese tipo de personas que pretenden disfrutar cada etapa de sus vidas al máximo, aunque yo solo las disfruto, nunca he llegado al máximo. Sin embargo, ése es mi ideal.

Ser estudiante tiene muchas ventajas, muchas aventuras y hasta comodidades. Ser asalariado también. Cuando era estudiante un día amanecía con más ganas de seguir durmiendo y lo hacía. Hoy, como asalariado lo puedo hacer, pero sé que existen más personas que dependen de mi decisión de quedarme dormido en casa, por lo cual debo ser responsable.

Yo amaba después de clases tomar una siesta(2 horas) durante la tarde. Sin embargo, esas dos horas ahora se conviertieron en algunos billetes de más. Que por bien no caen mal, y que ahora ayudan de mucho.

Todas las noches después de la oficina invierto tiempo en la cocina, en ver un vídeo, o hasta dos, de mi serie favorita, o simplemente llegar a dormir. Ya no hay una gran cantidad de tareas y quices que me persiguen a diario.

Tuve la ventaja de no trabajar y estudiar a la vez. Creo que hubiese sido bien agotador. Hoy tengo la dicha de ver que mi esfuerzo se ve bien reflejado en cada quincena. Y con esto no quiero decir que me llene el alma con dinero, pero es un mal necesario.

El dinero, si bien es cierto, es una representación símbolica para obtener lo que queremos que alguien más tiene y nosotros no. Y pues, obtener ciertos beneficios a diario, como comer bien, es algo que sí lo compra el dinero.

Algo que también disfruté de estudiante fue que las noches no eran tan solitarias. Había personas alrededor que sufrían al igual que yo. Todos compartíamos nuestras penas en cada evaluación.

Aprendí y lo sigo haciendo. No hay afán, nunca lo tuve. Eso me lo enseñó mi papá. “viva papi, viva. Pero con precaución”, siempre me lo dice.

Hoy a vos te digo lo mismo. No hay afán, y sé que cuando tenemos sueños queremos lograrlos al día siguiente. Pero, ¿qué pasa mientras no estamos soñando? Cuando estamos despiertos, ¿quién nos asegura que al final diremos, lo logré con mucha diversión de por medio?

No hay afán, no hay por qué salir rápido, tal vez para solucionar una mala situación en casa. No hay por qué correr. Pienso que se puede llegar al final viviendo una vida que no es de uno y se termina satisfaciendo la de alguien más, para mí eso es peligroso y a veces triste. No sé vos.

Viví, sí vos , viví pero con precaución. A eso me refiero a que todo tiene límites y cada límite nos dice que tan lejos podemos ir. Y que tanto quedarnos.

Y antes de irme, te digo que disfrutés y que vivás tus etapas en el momento. Un día a la vez que llaman. A veces me gustaría ser aquel estudiante. A veces no. Estoy aprendiendo y de eso se trata.

Cada etapa tiene sus propios buenos y malos momentos, amigos y enemigos, días y noches , tristezas y alegrías, hasta sus propios tiempos. No hay afán. Todo llegará en el momento y tiempo justos.

Tomate un tiempo para respirar y seguir viviendo.

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