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Comencemos con la danza de tus ojos sobre el papel. Ahora ciérralos. Ábrelos a la mitad. ¿lo hiciste?…bien. ¿Qué viste?… Interesante.
Esos ojos que han devorado todo, a veces sin tu permiso, te proveen de hermosas y terribles imágenes a largo de toda tu existencia. Detente.

Observa entrecerrándolos. No busques claridad…aún. Desliza tu mano sobre tu hombro y sostenlo diez segundos. Suelta. Haz lo mismo con el hombro contrario. ¿Te escuchas? Siéntate. Sí, sentado.

Coge tus extensiones de nogal y recuerda qué estuvo mal antes. Derecha, izquierda, derecha, derecha. Izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Repite. Eso estuvo bien. Ahora tu pie izquierdo marca el ritmo. Escúchalo más y siente lo que viste: RLRR, LRLL.

Cierra ya. Mueves dos pies y dos manos de un infinito de posibilidades. El sonido viaja a través del aire mismo que respiras y vibras internamente. Una gota de sudor trillada te molesta, pero está bien, porque es parte de la danza. Puedes anticiparte y escuchar antes lo que aún no escuchas, porque lo viste hace años sin darte cuenta. Como cuando sueñas con un desconocido.

Estás suspendido en la respiración siendo consciente de tu cuerpo oyendo estirar tus músculos y percibiendo el olor de la madera en tus manos. ¿Dónde estás?

Quisiera quedarme en la superficie y mis pies tocando el fondo. La soberbia fotografía de la nariz y la nuca al mismo tiempo, se logra si tuerces la luz.

Ahora regresas purificado lleno de humo al lugar donde comenzaste. Abre. Bienvenido.

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