Deja que queme mis pies, para que sellen su paso en el desierto diario, mientras el

día muestra uno a uno desnudando mis defectos, para recordar que somos humanos…

Que cada paso, sea seguro, que no titubee, que sea firme y sin arrastrar un pasado, mientras el tiempo de la arena roba contando sus granos…

Siempre se puede atravesar los desiertos de la mente, a veces la nuestra, y otras veces de quienes sin mirar en el camino se cruzan…

Y de tanto intentar, con los pies descalzos, llegar a una orilla y dejarlos que besen sedientos del viaje, la espuma del mar…

el mar…

Dejarnos llevar con la brisa salada, a ojos cerrados, liberar el alma y decir despacio entre tantos secretos guardados, que sólo guarda el mar, el nombre amado…

Así el día, y su camino de rutina, para luego regresar con la calma pegada a la piel, con el alma más enamorada, de las promesas de ese mar, llamado vida…

Ya no quemarán los pies, la tarde refresca las ansias de la arena, que ahora al irse el sol, espera deseosa que suba como cada noche, a besarla la marea, y quizás la luna creciente ilumine con su magia, las huellas mojadas, que dejaran mis pies, cuando bajo el sol quemaba… (Lola)