El equilibrio de sostenernos a diario, y su gravedad de caer, mientras la vida

continúa aferrada a la cordura, tentada a caer al vértigo desconocido, de una locura, la nuestra, y la que nos tiende la mano, en el imaginario de un antes y después…

El equilibrio que danza en el aire, y mira hacia arriba y abajo, como un antes y un después, como un presente en peligro de la ingravidez, de un sin pensar inmortal, sin temor a caer, sin un tal vez, regresar…

Y enredada en los hilos de la vida, pendo de ellos, y doy vuelas mareando al destino, sin verme, sin

que me vea rendida…

Y nos encontramos, en el portal de la cordura, donde me acuna al fin el equilibrio, donde no temo más que a mi misma, donde me animo a permanecer…

El equilibrio, ese amigo que a veces se olvida darnos la mano, para no caminar por las calles rotas de la vida, tropezando sola, él juega en nuestra balanza diaria, y nosotros de pensamientos y sentimientos, la vamos cargando… (Lola)