Hay cuentos que ya no cuento, y no los cuento ni los escribo, porque escribirlos serían revivirlos de un pasado que se fue…

Se fue, dejando su halo de tristeza, su tristeza sin promesas, promesas que nunca dijo ni cumplió, y en el camino de su huida huellas perdidas dejó

bailando con otros tacos acompañando su risa, de otra mentira, que antes de llegar también perdió…

Y me quedé en poemas, porque la rima es sólo de la poesía, y la poesía nunca se arrimó sin pedir nada, y yo nada le respondí…

Pero siempre habrá cuentos, disfrazados de sonrisas, y sonrisas dibujadas para ilustrar las paginas vacías de esos cuentos que terminan mal…

Por eso no cuento, no cuento ni rimo, ni creo en sonrisas que esconden avatares, avatares sin rostro, avatares que imitan, desafían, avatares que provocan, eso que nunca serán, y escapan de si mismos en historias, lejos su realidad…

Y no hay más cuento que yo misma, ésta que escribe cada día, que sonríe a la mañana, que llora, que extraña, que apasionada entre letras se desnuda, de cuerpo y alma, te abraza, te besa, y te espera tras la puerta o en una esquina cualquiera, para contarnos en silencio, la verdad… (Lola)