
Me descubrí en la cornisa
de tus días,
donde seguir o saltar
era aceptar
o abandonar,
donde la altura mareaba
donde a nadie
importaba
una caída más, de nadie…
Me descubrí torpe,
de mirar por tu ventana,
desde afuera
con frío de ti
y congelada mi alma,

sin que mires mi llanto,
ni sentías temblar mis penas…
Te descubrí
en cada gesto,
así ausente
egoísta de dar afecto,
de sin saber
que éramos,
y menos lo nuestro…
Te descubrí mentiras,
y soltando tu ventana
dejando de ver,
gozando la caída, sonreía,
para no volver… (Lola)
