Me llamaste Soledad y yo te miré sonriendo, me besaste con nostalgia en tu mirada y yo con toda mi alma…

Me llamaste Soledad sin recordar mi nombre, porque mi silencio y mis sombras te hacían un mudo recuerdo de ti mismo, en mi abismo…

Y yo era soledad, esa soledad que temías, y te alcancé aquel día que decidiste sin equipaje, dejar el amor y marchar…

Tú me buscaste, te enamoraste de mis ausencias, de esa libertad que mis manos prometían sin reclamos, y seguiste deseando las huellas de mis pasos…

mis pasos tan silenciosos que aturdían, tan livianos que pesaban, tan libres los tuyos que dolían descalzos y calzados…

y me llamaste Soledad, cuando te sonreí para romper nuestro pacto y recordarte al oído en un suspiro, que no soy eterna, que hay un mundo con voces y amores…

para abrir tus ojos y veas que la soledad aunque bella, debe ser pasajera, porque un corazón sin risas y voces no late, y entre sombras sin besos, de tristezas se pierde…

… y te hiciste silencio, y yo me fui, buscando mi soledad… (Lola)

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