Nadie aquieta su herida, la de un corazón que siempre ama, la de un alma que lo abraza, que sin voz lo llama, que no

olvida, el amor de su cuerpo, su cara, sus gestos…

Nadie evade a su silencio, porque lo apabulla, lo somete al recuerdo permanente de un presente que se fue, pero no quiere, y está, pero se fue tras de él…

Nadie ahora enciende la luz de sus ojos, apaga con besos sus noches dándole la calma, del amor…

Porque no quiere, porque no puede, porque lleva el capricho eterno de ese amor que pierde en esta nueva vida, para volver y volver, por siempre a buscarlo, para que lo reconozca en otro tiempo, cuando sea de su herida cicatriz… (Lola)