Todo me recuerda a ti, como en la canción, donde tu sombra sigue aquí, y la mía desnuda pregunta y pregunta hiriendo a mi piel, siempre por ti, escapando al recuerdo y volviendo a revivirte sin poder dejarte partir…

Y me escapo cada noche al viejo cuarto cerrado, donde éramos la poesía con los cuerpos enredados, mientras bailaban las sombras, vistiendo las paredes en penumbras…

y entonces regresas con las dudas, a mi corazón sin certezas, cuando trato de olvidarte, sin lograrlo, en otros brazos…

Y regreso masoquista de la historia, a recordarte a solas, y que nada fue perfecto, cuando te creía mío, sin saberte compartido…

Son las cuatro paredes, y sus sombras, las nuestras, el cuarto del amor que eriza mi piel, con sombras malditas, que me llama por las noches y pensándote me excita, para volver a amarme por ti, para volver a odiarte, sin mi…

Odiarte, porque me enseñaste como no se ama, amarte porque es mi piel, mi corazón, la vida que late y te reclama, sin poder arrancarte, o sin querer, porque mientras las sombras bailen en nuestro cuarto, y yo baile con ellas, no podrás marcharte del todo, de él, ni de mi… (Lola)