Vivo en aquel beso donde la estación fue testigo, los trenes los padrinos y el frío de la noche nos abrazó en el último adiós…

El adiós que con penas por las glorias de los días compartidos empañó los vidrios sin poder abrirlos, sin poder tocarnos los dedos que dejó escapar el llanto de un partir del tren…

El beso se aferró a mis labios en un viaje mudo de mensajes de amor, donde la línea se perdía y despedía de nosotros sin dejarlos salir…

El beso, los mensajes, y muchos extraños vaciando el espacio que alargaba las vías sin comunicación…

El beso viajando en la memoria sin querer que se seque en la boca, temblando en los labios por sobrevivir, en el sabor en el roce, en el perfecto idioma de las lenguas y sus comas en cada te amo húmedo, entrecortado…

Vivo en el silencio guardado en mi memoria, mirándonos besando desde afuera de mi boca, sumando un sentido nuevo para no dejarlo ir en este viaje sin retorno a revivir…

Vivo, porque siento, porque anhelo y apenas pasan los minutos, que serán horas en las que mi corazón tomará a mi alma, la expulsará del cuerpo para que huya a tu encuentro a decir, a contarte, que en este viaje sin tu amor siento que muero, mientras el día en la ventanilla también se despide, pero sin beso, y en la oscuridad de la nada de afuera, quedo a solas viajando mientras me mira con pena mi reflejo, yo le sonrío saboreando el último hálito de tu beso… (Lola)