Y tomó con sus dedos dudosos el pan, y el pan era el cuerpo, y el cuerpo temblaba en sus dedos, los dedos pecadores de todos, de todos en quien

creyó, pero creyó con la certeza de la mentira, con mentira que ocultan los ojos que bajan, con la pena de lealtad y la humanidad perdida, perdida para salvar, para salvar lo envió su padre, su padre que lo amaba, y lo amaba porque su alma era noble y blanca, su corazón transparente y su cuerpo tan frágil como fuerte su mente, y su mente, y su boca no rogó, sólo pidió piedad, piedad a quienes no supieron que ese Cristo, nos venía a salvar… (Lola)

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