Yo le creí, le creí cuando veía la luz de su mirada, la luz que él me mostraba, para

distraer mi visión, de esa oscuridad que el otro ojo me ocultaba…

Yo quise ver, y escuchar envuelta en palabras, palabras estudiadas que desnudan el cuerpo, que saben llegar al alma, y arrastrarla…

Confundida en un camino a ciegas, llevada de la mano, pisando sus pasos para no errarlos, para que me amara, para ver sin mirar nada…

El silencio fue rutina, su mano mi guía a la oscura agonía del no sentir nada…

Sin sentir, despertó en mis latidos la intriga de abrir al fin los ojos, que para amar quería ver, ver a los ojos, ver la mirada reflejada y sin que evada…

Y en sus pupilas sólo oscuridad, la oscuridad de un abismo frío, de un corazón sin equilibrio y contenido, una mirada sin amor, que no dijo de su boca en defensa, nada…

Yo creí ver una luz en su mirada, sin ver ambos ojos, con la luz en ellos reflejada, convenciéndome a mi misma que me amaba, pero no… Yo sólo creí, ilusión óptica del corazón que le llaman equivocados algunos, amor… (Lola)