Te digo qué se siente.

Al que le gusta el fútbol de posta, la vida le es una colección de camisetas. Uno nace y hereda el equipo de un padre, un abuelo, o un amigo de la infancia que le transfiere la pasión y lo convence tras un fino trabajo de lavado de cerebro y bulling.

En mi caso, soy 4ta generación de Sanlorencistas en la familia y con mucho orgullo tomé ese legado y espero extenderlo a lo largo y a lo ancho del país por muchas generaciones más.

Ese es el club de los amores de cada uno. El que ponía nervioso a papá a toda la familia después de la Iglesia y el que cuando ganaba todos estaban de fiesta. El del álbum de figuritas. El de la camiseta que te regalaron para tu cumple de 6. El del poster de arriba de la cama. Y ese amor es para toda la vida.

Después vas recopilando historias, creciendo, aprendiendo tanto de fútbol como de la vida, y hay equipos que no son el tuyo pero te transmiten algo que te gusta, que no sabés muy bien porqué pero lo sentís tuyo.

Alrededor de los 9 años mi viejo me hacía ver videos en VHS de los mundiales y conocí a La Naranja Mecánica, la Holanda del mundial del 74.

“Pá, ¿cómo se llama ese señor de Holanda que deja a los rivales tirados en el piso dando lástima? yo quiero ser hincha de su equipo”.

Después encontramos alguna oferta por ahí y conseguí mi primer camiseta del Ajax. Sí, me hice del Ajax y con los años vi a Ibrahimovic y a Suarez antes que todos, reconfirmando mi amor por esta escuela de fútbol. Y a la vez, Ibrahimovic me hizo hincha de Suecia. Hasta ahí.
Este concepto de escuela de fútbol del Arsenal, el Menotismos, Barcelona, Ajax, Guardiolismos, y Cruyffismos es hermoso. Me pongo todas esas camisetas.

Viendo más VHS de mundiales me encontré con Romario en el 94 y ese fue mi primer contacto con Barcelona. La casaca se parece a la del Ciclón, así que estaba bien, podía ser de Barcelona también. Y ¿cómo no ser hincha de Barcelona cuando apareció Ronaldo? Y Rivaldo. Y Ronaldinho. Terminando en la obra maestra de Guardiola, Xavi, Iniesta, y Messi. ¿Cómo no volverte loco si encima tiene los colores más lindos del mundo?. También soy del Barça.

En una de esas, ya más adolescente, en ESPN aparecen imágenes borrosas de Obdulio Varela y el Maracanazo del 50. Hermoso, ganarle una final del mundo a Brasil en Brasil con el Maracaná hasta las pelotas. Yo quiero eso para mí, y me hice de Uruguay. Sí, ¿qué me importa? ya fue. Y decime vendepatria si querés, pero yo siempre voy a querer que Uruguay gane porque si ves un partido de Uruguay el día de hoy, vas a ver lo mismo. La chispa de la garra charrúa sigue viva y me encanta.

No hace falta explicar porqué también soy hincha de Napoli, ¿no?. Bueno.

Newells me gusta no sé bien por qué. Escuela de fútbol.

En 2011 me puse de novio con una Pincharrata y me reconcilié totalmente con Verón. No puedo ser hincha de un rival directo de San Lorenzo. Pero todos somos más felices cuando gana Estudiantes de La Plata.

Abreu, Suarez, y Cauteruccio me hicieron de Nacional, pero hay tantos amigos Carboneros. En definitiva, en los clásicos no quiero que gane ninguno, siempre espero el colapso, la chispa final, las trompadas, las tarjetas. Y que sigan exportando materia prima futbolera.

Por cuestiones geográficas seguí durante gran parte de la adolescencia al Club Comunicaciones. Hermosas experiencias te regalan los estadios del ascenso.

Algunos amigos de San Pablo.

Si hablamos de Brasil, Paulo Silas fue el jugador de mi infancia. Si no sabés de lo que hablo, buscá un video en Youtube. Paulo Silas debería tener su propio club que se llame Paulo Silas Magia- Fútbol Show. Y yo sería hincha de ese equipo.

Zuker me hizo de Croacia y Allan Shearer de Newcastle.

De vacaciones en Colombia, un paisa me regaló una camiseta de Independiente de Medellín y me llevó a la cancha en un clásico con Nacional. Se ganó 2–1. Así que de Independiente de Medellín también.

A veces lo que te une a un equipo es un jugador de esos diferentes a todo, o el tiki tiki, o la garra y espíritu, o simplemente te gusta la camiseta, pero es jodido explicar porqué uno va adoptando segundos clubes en su corazón, aunque siempre por debajo del primer gran amor.

Y bueno, a partir de Noviembre del 2016, por razones no tan felices, me convertí (al igual que muchos) en hincha de Chapecoense.

Y así seguirá la vida del futbolero, que más allá de ser hincha de su equipo, se permite un rato de lucidez y sabiduría y va acumulando historias y otras camisetas de fútbol a lo largo de la vida hasta que muere.

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