Un café con Blavatsky, Castaneda y Descartes.

En sus Meditaciones metafísicas y Discurso del método Descartes decía que todos creemos estar bien dotados de sentido común.
Crea un puente entre la ciencia y lo espiritual. Dice que todos creemos tener el parámetro y la perspectiva correcta. Como si existiera dentro nuestro una célula receptora de mensajes de una realidad superior que nos da el criterio exacto del bien y del mal a través de nuestra intuición. Decía que existe un órgano en el cerebro humano responsable de los estadios espirituales. Y hasta se anima a decir que es donde reside Dios en el hombre.

Se relaciona lo que dijo con la Glándula Pineal, hoy sabemos que este órgano segrega DMT, dimetriltiptamina, la responsable de esos estados espirituales en la mente, en la oscuridad, en los sueños, en las meditaciones, el tercer ojo de los budistas. La intuición, y la comunicación de nuestro estado superior con nuestro plano físico a través de símbolos y lo subconsciente, directo a una parte específica del cerebro.

Y acá aparece Blavatsky hablando de que existe un otro lado que convive permanentemente con este plano físico que experimentamos como realidad única. Su libro Isis sin velo es una recopilación de fragmentos de filósofos, científicos, religiosos, artístas y sabios.

Buscando los puntos en común entre todas las culturas y conocimientos iniciáticos, Blavatsky llega a ciertas conclusiones respecto a verdades elementales de la existencia, como es el plano espiritual coexistente con el plano físico que experimentamos como realidad exterior única. Todos los puntos en común de las bases religiosas. El creador y el demiurgos, la oración y la meditación, el cielo y el akasha, la vida después de la vida. Los sueños, las artes, los símbolos y el subconsciente. Todo es parte de esa experimentación de la otra realidad y de Dios, el TODO en todo de los herméticos, el mundo espiritual de los chamánes de la América antigua como cuenta Castaneda en El lado activo del infinito.

El tercer ojo se ejercita. Todos tenemos la glándula, pero no nos enseñaron a usarla. Se respira a través de ella y se trata de alinearla con el chakra Corazón. También importante. Generador de la energía del campo electromagnético que nos rodea.

Esta glándula segrega DMT durante el sueño. Necesita oscuridad. Es la sustancia responsable de esos estados y experiencias extracorporales.

En el sueño no nos damos cuenta de estar soñando, entonces todo el poder de la pineal es desperdiciado. El objetivo de la meditación budista es abrir el tercer ojo, lograr el estado álmico del sueño estimulando la glándula pineal en los estados de vigilia, con plena consciencia y aprovechar ese estado que sólo se presenta en los sueños pero no somos capaces de aprovechar por no ser conscientes. Otros en lugar activar la glándula de los sueños cuando estan despiertos, prefieren entregarse al momento del sueño donde eso ya sucede todos los días, pero el desafío está en volverse consciente dentro del sueño de estar en un sueño. Al mismo tiempo que como nosotros no nos damos cuenta en nuestros sueños de estar soñando, nuestro espíritu en nuestro cuerpo no se da cuenta que es un espíritu que está en un cuerpo. Nuestro espíritu está en un estado de adormecimiento creyendo que es un cuerpo. Esto es lo que propone Blavatsky y también Descartes en cuanto a la conciliación entre Ciencia y Espiritualidad, proponiendo la investigación metódica científica del mundo espiritual a través de la propia experiencia de uno con aquel otro plano. Y eso podría suceder a través del tercer ojo y el corazón.

Castaneda, al igual que culturas antiguas como la budista consideran que el verdadero ser se experimenta sólo en los sueños y en la muerte. El chamanismo Nagual promueve esta idea. Que el verdadero ser es el de los sueño y el de la muerte. Pero que esa otra realidad, más real que esta, convive con nosotros, está en todo, pero en vigilia no somos capaces de experimentarla por nuestro propio desinterés. Pareciera que los sueños son algo más que boludeces del inconsciente, deseos reprimidos y miedo a la muerte, señor Freud.

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