Lo que me extraña de Stranger Things

Stranger Things está en boca de todos. No paro de recibir sugerencias de YouTube para ver vídeos de los jóvenes protagonistas participando en talk shows, late shows, en cástings pasados, en pruebas de cámara, lo que sea. Estamos enamorados de la voz siseante de Dustin y de la escalofriante profesionalidad de Eleven. Los de mi generación (early 70s) hablamos, con una dosis de nostalgia que los millenials ya no pueden comprender, de Los Goonies, de ET, algunos menos a Aliens, aunque algo también hay. Los trajes amarillos con la luz interna en el casco, el nido, en fin... Todos los referentes a flor de piel. Todos a punto para jugar al Trivial durante el descanso del café. Hasta el cartel nos suena. ¿Alguien recuerda quien era el dibujante de…? Sí, Drew Struzan, autor de más de 150 carteles de películas (muchas de ellas de Spielberg) como Star Wars, Indiana Jones, Blade Runner o Los Goonies.

Bien, la idea que en general se comparte, es que ya hemos visto mil veces la historia, pero nos encanta volver a verla de nuevo, incluido el cartel retro. Como quien acepta sin ser demasiado consciente de ella, la teoría que dice que sólo hay siete historias posibles. Eso lo aprendí un día que mi chico me citaba a Borjes. Stranger Things nos encanta, en general y en concreto. ¿Pero es realmente una historia que ya nos han contado antes?

Bien, por ejemplo, ET, da para hablar un buen rato de su estética y de su repertorio referencial literario. ET es esencialmente una revisión de Peter Pan. Los adultos son figuras ausentes, monolíticas, anónimas y uniformes. En cambio, recordemos la importancia del perro. Fijémonos en la perspectiva de los encuadres desde una altura no mucho mayor al metro veinte. No vemos el rostro del profesor repartidor de ranas en la clase de biología. Bien, un mundo visto desde la óptica infantil. Un mundo en el que si piensas en algo encantador “volarás, volarás”, en tu bicicleta de cross y huyendo como un vaquero de los cuatreros malvados, o si me lo permites, como la tribu de los Niños Perdidos del malvado Capitán Garfio. Momentos culminantes de una gran profundidad estética.

En cambio, los referentes de Stranger Things son cinematográficos. Solamente. El grupo de amigos de Los Goonies, las bicicletas de ET, la dimensión paralela de Poltergeist, la bestia cazadora de Alien o Depredador, y algo menor de Minority Report. Que está muy bien. Pero maldita sea! No reinterpreta nada: corta, pega e iguala. Reconocemos lo que vemos y nos da confort, pero no es realmente una historia contada de nuevo. Es una secuencia de referentes. Nos la dan doblada y nos gusta. Nos entretiene. Pero es apropiacionismo sin alma. Eso es.

Somos los hijos de los que leyeron. Somos los padres de los que sólo miran. Recordémoslo, sólo por si acaso queremos hacer algo al respecto.