¡La boricua se ganó el oro!, ¿y qué pajó?

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Este fin de semana, sin duda alguna, Borinquen se estremeció y se infló de alegría tras la victoria de la tenista Mónica Puig, quien jugó en representación de nuestra querida isla en las Olimpiadas 2016. A pesar de que no suelo seguir ningún tipo de deporte — cosa de la cual me arrepiento — tuve la suerte de conseguir el canal por el cual se transmiten los juegos olímpicos — y yo pensando que sólo contaba con Telemundo — y de poder ver el partido en el que Mónica se enfrentaba a la checa Petra Kvitova.

Y pa’ qué fue eso… a solo minutos de comenzar a ver el juego y ya yo estaba en tensión total — sin saber un carajo de tenis, claro está — y en apoyo rotundo a la boricua. Lo más impresionante para mí era que, al igual que muchos/as otros/as compatriotas, cada vez que Mónica hacía un punto, me conmovía como si fuese una fanática eterna de ella y del deporte. Tanto así, que justo en el momento en el que el juego acabó a favor de la puertorriqueña, se me hizo un taco en la garganta y no pude evitar que se me salieran las lágrimas de la felicidad. No entendía por qué me emocionaba tanto pero como pude ver a través de las redes sociales, yo no era la única con ese sentir. Y sí, sí, es verdad que la gran mayoría de nosotros/as no somos expertos/as en tenis pero la realidad es que no hay que serlo para poder solidarizarnos con una hermana boricua que juega en representación nuestra, ni mucho menos es necesaria la “expertise” para disfrutar de un partido — al igual que no hay que ser experto/a en arte para apreciar ni disfrutar de una obra de arte, ni experto/a en teatro para apreciar ni disfrutar de alguna obra teatral— .

Esa misma tensión y alegría que sentí con el juego en contra de la checa se triplicó al sintonizar — después de mil intentos fallidos — el partido final y presenciar el triunfo de la boricua contra la alemana, y aunque fuese mediante una pequeña pantalla de celular, se sentía la felicidad borinqueña a flor de piel. Y es que, como se ha mencionado en diversas ocasiones, Mónica llegó a compartir un poco de su luz con un país sumido en la negatividad constante de los medios y la política ineficiente de quienes gobiernan — o al menos, fingen hacerlo — . Si bien es cierto que su victoria no solucionó los problemas del país, como muchos/as han dicho por ahí, no es menos cierto que ésta funcionó como un escape positivo para una gran parte del pueblo puertorriqueño ante la abrumadora realidad socio-económica de la isla y además, contribuyó al enriquecimiento de la historia deportiva de Puerto Rico — ¡La primera mujer, y atleta en general, en ganar una medalla de oro representando a la isla!, que no es poca cosa — .

Ante el oro de Mónica, que con mucho esfuerzo y sacrificio logró, el pueblo puertorriqueño en general sacó el ¡puñeta! que todos/as llevamos adentro; alborotamos, brincoteamos y hasta lloramos de la felicidad. Sin embargo, no se hicieron de esperar los comentarios innecesarios e ignorantes por parte de algunos/as estadounidenses porque la medalla, aseguran éstos/as, en realidad era de Estados Unidos. La picaera estadounidense leía algo así: “Puerto Rico es territorio de Estados Unidos— amargo sabor cada vez que se dice — por lo tanto, esa medalla le pertenece a E.U”. Hasta ESPN News presentó una gráfica — un “screenshot” sobre ésto se ha compartido por las redes sociales — en la que se exponen las medallas de oro que Estados Unidos ha ganado a lo largo de los años (1,001) versus la única y recién adquirida de Puerto Rico; acto que podría deducir, aunque no conozco bien el contexto de la gráfica, dio la impresión de ser un de intento de humillación o de querer hacernos sentir menos ante los grandes logros olímpicos de Estados Unidos. Tal vez esa no haya sido la intención principal, no obstante, el mero hecho de presentar ambas gráficas, una al lado de la otra, se prestó para dicha interpretación y tuvo como resultado a una situación realmente incómoda y desagradable para muchos/as de nosotros/as.

Gran chiste…Screenshot tomado de algunos comentarios de la pagina de Facebook de SportsCenter y de NBC Olympics
Screenshot tomado de algunos comentarios de la pagina de Facebook de SportsCenter y de NBC Olympics
Screenshot tomado de algunos comentarios de la pagina de Facebook de SportsCenter y de NBC Olympics
Screenshot tomado de algunos comentarios de la pagina de Facebook de SportsCenter y de NBC Olympics

Lo que una puede llegar a pensar con este tipo de comentarios y actitudes es que al parecer no es suficiente con que Estados Unidos se adjudique el nombre del continente entero, América, como si fuesen el todo, como si en esos cincuenta estados se encontrara la única y exclusiva América ignorando el hecho de que más allá de sus fronteras se sigue extendiendo el territorio americano. No es suficiente adjudicarse la América, también se quieren adjudicar la victoria de una atleta que decidió consciente y orgullosamente representar a Borinquen, fuese por la razón que fuese. Y una se indigna porque esta no es la primera — y muy posiblemente no será la última — vez que parte de la comunidad estadounidense presenta este tipo de actitud tan egoísta e ignorante. Sin embargo, no hay duda alguna de que el triunfo fue a nombre de Mónica Puig, una boricua representando a su isla y eso ni el Congreso de los Estados Unidos lo puede cambiar — déjame no decirlo mucho porque es capaz que, como es tradición de ello, hacen algún trambo para atribuirse la victoria — .

Estos comentarios y la comparación, consciente o inconsciente, que llevó a cabo ESPN News evidencian varias cosas, entre ellas, el sentido de superioridad que aún permea dentro de un sector estadounidense con respecto a la comunidad boricua y la desinformación tan agobiante que existe sobre la historia, la política y la situación actual de la isla. Por otro lado, también se vuelve a poner en perspectiva, la confusión y la falta de conocimiento sobre el origen y el desarrollo de la compleja relación que llevan Estados Unidos y Borikén, especialmente tras el cambio — real o ficticio — del estatus de Puerto Rico tras la llegada del Estado Libre Asociado. Además, esta situación también da pie para continuar la discusión sobre la identidad nacional y la transnacionalidad con la cual aunque naciste y te criaste en “x” o “y” lugar, por alguna u otra razón, te sientes parte — te identificas — con las costumbres, la cultura, la historia y la lengua de otra nación; lo cual también me lleva a pensar en parte del meollo que surgió con el comentario que hiciera Gigi Fernández sobre Jaime Espinal — todo se conecta — .

No es cuestión, como han dicho por ahí, de “meter” la política en todo. La realidad es que, nos guste o no, la situación política y las relaciones políticas que tenga Puerto Rico — al igual que cualquier otro país — va a tener un sinnúmero de implicaciones en cada cosa que esa comunidad lleve a cabo como colectivo y como sociedad.; es en este sentido, sin necesidad de utilizar el deporte como un modo de manipulación para adelantar agendas políticas — ni la estadidad ni la independencia — que se vuelve muy difícil desligar el aspecto político de asuntos como éstos. Por esta misma razón es que el hecho de que Puig haya ganado el oro, en su nombre y en el de la delegación puertorriqueña, representa tanto para la historia boricua. Como discute hermosamente la artista y hermana Yasmin Hernández, en su entrada “Worth Her Weight in Gold: el Guanín de Puig”, este logro, además de personal para Mónica, se vuelve nacional, se vuelve asunto de Borinquen cuando ella abiertamente comparte que no solo compitió por ella sino que también lo hizo por su país. Es asunto de Borinquen cuando ella decide, muy legítimamente, formar parte de la delegación puertorriqueña y representar a la monoestrellada en vez de la estadounidense. Es asunto de Borinquen y esto no significa que se le esté quitando el crédito a ella ni a su familia por los esfuerzos y sacrificios que llevaron a cabo para que este momento histórico fuese posible, tal vez sin el apoyo que merecían por parte de la sociedad puertorriqueña.

Es asunto de Borikén porque ella, al igual que los atletas y las atletas que nos representan, nos han permitido formar parte de los logros que han alcanzado en estas Olimpiadas. Es nuestro asunto, nos compete y nos urge, no solo apoyar cuando nuestros/as deportistas están en lo alto o llegan a eventos como las Olimpiadas, sino apoyar desde sus comienzos, desde su formación inicial y a través de todo su desarrollo — así como pedimos el respaldo para nuestros/as artistas, nuestros/as médicos, nuestros/as empresarios/as, etc. — cosa en la que hemos fallado bastante. Esta es parte de la razón por la que nos quejamos y nos seguiremos quejando de la difícil calidad de vida que nos deja la politiquería ineficiente que sustenta un plan de educación pública que no motiva a sus estudiantes ni muchos menos les permite una formación integral en cada una de las disciplinas que se ofrecen, incluyendo las artes y el deporte. Algún día podremos decir que nuestra gente no tendrá que irse del país forzosamente a buscar mejores oportunidades y en el caso de nuestros/as atletas, algún día podremos decir que contarán con todo el equipo y el apoyo, tanto emocional como económico, necesario para formar y desarrollar sus carreras.

Como escribió Dennise Y. Pérez hace alrededor de un año, andamos “Pidiendo oro pero dando migajas”; cuando se ganan las medallas, son nuestros/as atletas, pero cuando sudan la gota gorda en alguna competencia y pierden…coquí, coquí. Si vamos a exigir oro — o simplemente a exigir — , primero hay que brindarles las herramientas y el acceso que necesitan para conseguir la excelencia deportiva y/o el oro, porque mucho hacen con las migajas que constantemente — y lamentablemente — se les da. Por eso, honra a cada uno y a cada una de los/las que componen la delegación puertorriqueña en las Olimpiadas y a quienes ponen a Borikén en lo alto y les dejamos pasar por desapercibidos, a todos ellos y a todas ellas, Gracias. ¡Arriba Puerto Rico, puñeta!


*En esta particular ocasión tengo que darle gracias y crédito al compa Edwin J. Ramos Marrero por darme luz— no sé si consciente o inconscientemente y para colmo, en una noche de jangueo — con respecto a esta discusión sobre cómo sentimos que el oro de Mónica se internaliza como un logro colectivo y no individual cuando prácticamente ninguno/a de nosotros/as aportó algo — ni tan si quiera en apoyo — a la carrera de la tenista hasta que la vimos llegar a la semifinal en las Olimpiadas.