Cuadro

Hacía del cielo un lienzo, mientras más pintaba, más la recordaba, pintaba para no olvidarla.

Pasaban los días, la rutina era la misma, al despertar se vestía con su mejor traje, desayunaba y se dirigía al parque apresurando el paso para llegar a la banquita de siempre.

Atril, hojas, acuarelas, pinceles, listo.

Pasó años así, pintaba y pintaba, solo que ahora ya no sabía si seguía pintando los cuadros de atardeceres para poder olvidarla o recordarla.