Leyendo: El perfeccionista en la cocina

Mis libros de 2016

He leído más estos meses pero nada que mereciera unas líneas. Hasta Barnes. Nunca estuvo entre mis preferidos. De la llamada generación Granta he sido mucho de McEwan, del primer Martin Amis y del “Barras y estrellas” de William Boyd.

Cuando empecé a escribir de Barnes quería hablar también de “El ruido del tiempo”, su última novela, que te lleva a la URSS de Stalin y su rodillo para construir una nueva hegemonía cultural. Quizá se equivoca poniendo a Shostakovich en el centro cuando la discusión sobre su connivencia con el régimen es todavía encarnizada o tal vez se equivoca por tomar partido y fingir que no lo hace o quizá por pretender hacerlo en una novela de 200 páginas. Lo mejor de Shostakovich no está en el libro porque cuando la música desaparece, y en el libro no hay melodía, solo queda el hombre pequeño y cobarde que también fue.

Mejor ir a la cocina, donde Barnes es un humilde aprendiz, y es que Julian solo ha conseguido conquistarme con una obra “menor”, un relato periodístico sobre su tardía afición por los fogones que se llama “ El perfeccionista en la cocina”. En ella derrocha sentido del humor (inglés) mientras aborda las recetas como un desafío que requiere precisión en cada palabra y a la vez es arbitrario y aleatorio. Una reflexión sobre el arte de crearlas y la certeza de que seguirlas no garantiza el éxito. Todos hemos sufrido desastres estrepitosos provocados por la “pizca”, el “puñado” y el “agua que te pida”. ¡Qué dificil es escribir y qué difícil es interpretar las palabras de otro!

La cocina es aquí una excusa perfecta para hablar del arte literario.

¿Por qué una palabra en una receta tendría que ser menos importante que en una novela? Una puede producir una indigestión física, la otra una mental.

El libro, como es normal, también acaba siendo un paseo por otros libros de recetas y gracias a él he descubierto que se puede hacer un platazo de los de suspirar con tomates, mantequilla y un poco de nata y también el maravilloso libro de cocina clásica italiana de Marcella Hazan.

Podéis leer la receta aquí https://www.instagram.com/comideando/

El perfeccionista en la cocina es ante todo un alegato sobre el amor y sobre el placer de dar de comer a los que amas y te encantará si crees que lo relacionado con la mesa y el mantel es una fuente de felicidad desbordante.

“De eso se trata. De elegir un pan. De untar mantequilla a diestro y siniestro. De sembrar el caos en la cocina. De no malgastar sobras. De dar de comer a tus amigos y a tu familia. De sentarte a una mesa donde se celebra el irreductible acto social de compartir alimentos con otros. […] Conrad tenía razón. Es un acto moral.”

Cocinen, coman, disfruten y, si pueden, lean a este cocinero amateur.

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