Cuatro aspectos de ser mamá, que no me gustan.

Volverme mamá de Paz ha sido lo mejor que me ha pasado, el evento más importante de mi vida, lo que me cambió para siempre, y me hizo un mejor ser humano. Cada día agradezco por ser su mamá, y no me dejo de asombrar por la transformación tan radical de mi vida.

Mientras estuve embarazada de Paz, mi relación con su papá atravesó una crisis y se acabó. Fueron momentos de mucho dolor, estando en esa situación mi mente y mi cuerpo experimentaron las peores sensaciones. Tuve mucho miedo y tristeza. Lo que nunca dejé fue que ese miedo me paralizara, estar esperando a Paz no dejó que yo me caiga ni que dejara de avanzar.

Paz me enseñó a ser mucho más fuerte, a ver la vida con otros ojos, a ser una mejor persona, y conseguir todo lo que me proponga. Creo que esa es una experiencia que vivimos todas las madres, un hijo te da la fuerza para hacer todo, y mejorar.

Sin embargo, hay momentos o sentimientos que no siempre son tan positivos. Hay situaciones que te generan ansiedad, angustia, molestia y frustración. Hablo de los aspectos no tan bonitos de ser mamá.

  1. El miedo

Todas las mamás sabemos que desde el segundo 1 en el que vemos a nuestro bebé, es el preciso momento en el que ha nacido el miedo permanente a que algo le pase. Olvídate para siempre de vivir tranquila, en libertad, ahora tu mente tiene de por vida esa angustia y temor de los millones de peligros a los que está expuesto el bebé. Desde enfermedades, accidentes, tristezas, etc. No se si a otras madres les pase, pero cada vez que Paz se enferma yo me imagino y pasan por mi mentes mil cosas terribles. Cuando la dejo tantas horas en el nido a veces me asusta pensar que le pueda pasar algo, y cuando estoy en el trabajo y recibo una llamada de mi casa me entra un pánico de pensar que algo malo ha pasado con mi bebita. Será que tengo ansiedad, o me preocupo demasiado, pero es que cuando tienes algo tan valioso a tu cargo, los temores nunca se van.

2. La culpabilidad

Este sentimiento es universal en las madres, lo he leído y oído muchas veces. Si trabajas mucho, te sientes culpable, o si estás muy cansada, también. Si quieres tener una vida paralela a tu rol de mamá, vives en constante cuestionamiento de tus decisiones. Encontrar ese balance en las actividades del día a día, y no sentir que nos estamos equivocando, es una tarea nada fácil.

3. El desgaste en la relación de pareja

Este aspecto no lo he vivido directamente, pues cuando nació Paz no tenía pareja. Ahora que ya pasaron los años y veo en retrospectiva, creo que estuve más cómoda así. Cuando tienes un bebé, tu vida en pareja cambia, todo se desordena, y por un tiempo la relación se desgasta. No digo que esta sea la regla para todas, pero si que en la mayoría de los casos sucede así.

4. Las opiniones y críticas

Todos opinan, todos te aconsejan (con buenas intenciones), muchos te van a criticar. Cuando tuve a Paz, yo preguntaba todo y leía todo lo que encontrara sobre maternidad. Toda recomendación y consejo era bienvenido y agradecido. Solo que hay situaciones que una quiere hacer a su manera, seguir su instinto, o decidir sin que nadie interfiera; es parte del aprendizaje de tener un hijo.

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