Construcción de un Ídolo: Juan Gabriel

Era el máximo cantautor, autor del disco más vendido en la historia de México, con canciones traducidas al japonés, húngaro, francés, inglés, ruso y griego, por mencionar solo algunos idiomas, receptor de honores provenientes del Vaticano, la realeza española y la Casa Blanca, Juan Gabriel tiene un lugar privilegiado no solo en la mente de los mexicanos sino de todos los hispanohablantes.

Su imagen pública es una construcción heredada de diferentes personajes reconocidos, haciéndolo la figura que es hoy en día.

Su sensibilidad es una heredera directa de la de Agustín Lara. Juan Gabriel hablaba por el pueblo, ya que como dice el hermano de Alberto, el personaje que Juan Gabriel interpreta en El Noa Noa (1981), al nuevo público le gusta entender lo que canta el autor, le gusta que lo digan como ellos lo dirían.

Salvador Novo. Foto: Revista C2

El Divo de Juárez tiene otro antecedente, si bien de un tipo completamente distinto, en Salvador Novo. La afectación evidente de las maneras de Novo, su actitud insolente ante quienes lo criticaban por su homosexualidad, sus peleas públicas con los revolucionarios machistas, quienes consideraban que solo una masculinidad beligerante podía cumplir alguna función en la construcción del nuevo país, sus sátiras mordaces contra otros y contra sí mismo, y sus coqueteos con el poder inauguraron un espacio del México revolucionario en el que la homosexualidad era por vez primera visible, y colocaron, según el afortunado fraseo de Monsiváis, “lo marginal en el centro”.

La homosexualidad de Juan Gabriel es algo así como un secreto a voces, si bien él nunca la afirmó o desmintió. Lo más cercano es la respuesta que, después de darle muchas vueltas, dio a un entrevistador de Primer Impacto en 2002 (minutos 10:48–11:54): “Dicen que lo que se ve, no se pregunta, mijo”. A lo que el entrevistador responde: “Yo veo a un cantante frente a mí, veo a un triunfador”.

Al rechazar la asignación de una identidad que en nuestros tiempos es pronunciable, Juan Gabriel puso de relieve, quizá accidentalmente, el carácter performático del género del que Judith Butler habla en su obra Gender Trouble. “Mi homosexualidad no es más que un conjunto de acciones que se desarrollan para un doble público, ustedes que me observan y yo mismo, que me constituyo a partir de ellas”, parece decir Juan Gabriel. En su respuesta, el cantante lanza una pregunta al entrevistador y a todo el público: ¿ustedes ven en mí las acciones características de un homosexual? La respuesta a esta pregunta desafía en su obviedad.

El personaje construido por Juan Gabriel reúne todas las características típicas del homosexual en el imaginario social: es delicado en sus gestos, “débil”, y su sensibilidad se corresponde con el desamor propio de aquel que, por su marginalidad, “no nació para amar”. Así, de la misma manera en que el entrevistador reta a Juan Gabriel a enunciar su propia sexualidad, Juan Gabriel a su vez lo desafía para que sea él quien lo haga, que sea él quien nombre esa marginalidad. Acorralado y vencido, el entrevistador solo puede nombrar el éxito del cantante, aceptando así que este le permite una independencia performática. Como antes con Salvador Novo, en Juan Gabriel el binomio masculinidad/valía se ha desplazado para convertirse en el binomio éxito/valía.

Quizá el logro más grande de Juan Gabriel sea el haber colocado en el centro de la identidad sentimental latina una estética que, en principio, pertenecía a los márgenes. En canciones como “Con tu amor” (1981), “Yo te perdono” (1975) y “Yo no nací para amar” (1980), por mencionar solo tres de la más conocidas, el yo lírico de sus canciones pareciera condenado a la ausencia de amor por condiciones ajenas a él, condiciones que son casi inmanentes a su ser, pero cuya naturaleza no se explica nunca. Como se menciona en la misma entrevista de Primer Impacto, para el cantautor el arte es esencialmente “femenino”. Quizás por esta razón la emotividad de sus letras es muy diferente de la de otros compositores hombres de la tradición popular mexicana: en medio del desamor, el yo de las canciones de Juan Gabriel no es desafiante, no condena, sino que, por el contrario, sufre y se resigna, se sumerge en una postura pasiva y añorante que en el imaginario social suele asignarse a la Mujer y que también es característica de la sensibilidad homosexual tradicional en la que el amor está desde un inicio condenado por su carácter prohibido.

Con Juan Gabriel se inaugura la subversión de la postura masculina clásica en la lírica popular mexicana. Su poética traviste los roles convencionales de género (por eso no es sorprendente que, con unos cuantos cambios gramaticales, sus canciones sean tan fácilmente interpretadas por mujeres) y ubica esa transgresión en el centro mismo de esa enseñanza sentimental que solemos llamar “música popular”, lo que difumina efectivamente algunas de las restricciones que la masculinidad normativa impone sobre los propios hombres, aumentando así el rango de los sentimientos que les son permitidos socialmente.

Foto: AP

El público de las canciones de Juan Gabriel se expande más allá de géneros y clases. La gran conquista de la poética de Juan Gabriel reside en haber derrocado formas totémicas del sentimiento en favor de una escuela de la marginalidad. En favor de una libertad de expresión sin importar género.

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