El juego de la vida real

Desde pequeño soy un apasionado de los juegos de mesa. Siempre quería jugar al Monopoly, y mira que es un juego malo. Cuando fui a Alemania por segunda vez en un intercambio de doce días fue cuando descubrí el primer juego de mesa que realmente me encantó, el Carcasonne. Desde entonces he probado muchos juegos de mesa de estrategia distintos y ahora mismo estoy diseñando uno.

Pero no ha sido hasta hace poco que me he dado cuenta de todo lo que me han enseñado estos juegos. Y es que, si lo miras bien, los juegos de mesa y la vida real no son tan distintos.

  1. Hay que sacar el máximo partido a recursos limitados. Es tu turno, puedes hacer sólo unas pocas cosas, y más vale que sean las acertadas si quieres ganar. En los juegos de mesa de estrategia, lo que te limita suele ser el número de cosas que puedes hacer, de cartas que puedes usar, o de figuritas que puedes colocar. En la vida real es el tiempo.
  2. Hay que guardar un equilibrio. Por lo general, en un juego hay varios elementos que tienes que tener en cuenta y lo mejor es emplear unos pocos recursos en cada uno de ellos. De la misma manera, si en la vida real pasas todo el tiempo estudiando o trabajando, o si sólo te dedicas a quedar con tus amigos, acabarás teniendo problemas.
  3. Hay que cuidar las decisiones de largo plazo. Generalmente, si quieres ganar en un juego, tienes que forjarte una buena estrategia de largo plazo. Tomar buenas decisiones que vayan acordes con tu estrategia es mucho más fácil en un juego que en la vida real, porque no estamos tan implicados emocionalmente. Por ejemplo, si existiera un juego en el que nuestro personaje tuviera que mantener una buena salud, no creo que ninguno de nosotros dijera: “En este turno mi personaje no va a hacer ejercicio, que no tiene ganas.” En la mayoría de los casos podemos ver al final del juego que seguir nuestra estrategia de largo plazo ha merecido la pena. Si aplicamos esto a la vida real puede que empecemos a tomar mejores decisiones.
  4. Hay que tener bien claro lo que quieres conseguir a final de cuentas. En muchos juegos, para ganar hay que completar una misión o conseguir puntos de victoria. De nada vale el resto. Un típico error de principiante es preocuparse sólo por reunir mucho oro o por formar un gran ejército para ver al final cómo otro le gana la partida. Creo que el paralelismo con la vida real no necesita explicación. Vale la pena tener claro lo que quieres conseguir.

La ventaja de los juegos de mesa es que duran poco y puedes jugar cuantas veces quieras, ir aprendiendo de tus errores y afinar tu estrategia.

La ventaja de la vida real es que mientras juegas tienes muchas oportunidades de fijarte en cómo han jugado y juegan los mejores jugadores, ya sea por contacto personal o leyendo lo que han escrito. Y, por supuesto, que es mucho más rica y divertida.

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