El mejor tranquilizante

Problema: Las primeras semanas como consultor en BCG estaba continuamente en tensión. En el momento de enviar el documento en el que había estado trabajando me sentía como si estuviera tirando un dado. Si salía un 6, estaba salvado, había hecho todo bien. Si salía del 1 al 5, me llegaba al poco tiempo un email de mi jefa con algo que a sus ojos era mejorable. La experiencia me decía que ésas eran más o menos las probabilidades. Muchas veces era yo mismo el que después de enviar el documento lo revisaba con un extraño sentimiento de culpabilidad y encontraba algún fallo. Vivía en un continuo estado de tensión.

Algo frustrada, mi jefa me repetía que tenía que usar el corrector ortográfico y revisar los documentos en papel antes de enviárselos. Curiosamente, en un documento impreso se ven fallos que en la pantalla parecen no existir. Yo lo hacía, la mayoría de las veces. Aún así, casi siempre había algo que mejorar y la tensión se apoderaba de mí cada vez que recibía un email suyo, aún sin ni siquiera haberlo abierto.

Solución: Harto de esa sensación, decidí hacer una lista de todo lo que tenía que comprobar antes de enviar un documento. La iba actualizando a medida que cometía nuevos fallos y cada vez que enviaba un documento la repasaba para no repetir ninguno. Además me dije: “Has trabajado en el documento de la mejor manera que sabes. No puedes esperar que tu jefa esté siempre contenta con todo, ya que cada uno tiene una manera distinta de ver las cosas, y lo que a ella no le acaba de gustar, puede que a otra persona le parezca magnífico. Además, nadie espera de ti que seas perfecto.”

A partir de entonces, la tensión que me atormentaba se desvaneció. Aumentó la confianza que tenía en mi trabajo y eso se contagió también a mi jefa, que estaba mucho más contenta. Con la seguridad de haber hecho las cosas de la mejor manera que sabía, era capaz de argumentar el por qué de mis decisiones de una manera confiada y asertiva.

Reflexión: Me di cuenta de una cosa: Si estás pendiente un resultado que no puedes controlar — como por ejemplo que a tu jefe le parezca bien tu trabajo — estarás continuamente en tensión y lleno de inseguridades. En cambio, si te centras en el proceso que depende de ti — como establecer un método para no repetir errores y hacer un buen trabajo — podrás estar satisfecho independientemente de lo que ocurra. Curiosamente, es esta última mentalidad la que lleva a mejores resultados.