Lo que aprendí en la Carnicería Paco

Esta mañana he acompañado a mi madre al mercado. Es el mercado del barrio de toda la vida, una superfice relativamente grande se juntan varias carnicerías, pollerías, pescaderías y fruterías. Vendas lo que vendas, tienes competencia.

La mañana estaba medio lluviosa y ho había demasiada gente. Aún así, se apreciaba una pequeña cola en la carnicería de Paco. Como queda un poco lejos de casa, cada vez que va allí mi madre aprovecha a comprar bastante. En el tiempo que ha durado la cola y lo que ha tardado mi madre en comprar, he podido observar algunas de las claves por las que la carnicería de Paco tenía una pequeña cola y las otras no. Y no soy un especialista en carne.

  1. Mejor gustar que vender. En la carnicería de Paco trabajan el dueño (adivina cómo se llama) y dos ayudantes. Aunque los tres son bastante diestros y no pierden el tiempo, me he dado cuenta que el único que de vez en cuando dejaba de cortar carne era Paco. Sabe que su tiempo está mejor empleado en algún gesto de cortesía con los clientes. “¿Qué tal Julia, ya se han marchado los nietos?” “Ponle mejor de esa otra pieza, Carlos.” Paco acaba de ganar bastantes puntos. No me extrañaría que la jugada de la pieza buena-pieza mala estuviera ensayada. Que el ayudante tenga un despiste no es importante. Los clientes saben que el beneficio va para Paco, y le compran de buena gana porque se preocupa por ellos.
  2. El 99 sigue estando de moda, pero con variantes. He aquí una pequeña curiosidad. He oído alguna vez que ya nadie pica con los precios que acaban en 99, no sé si será verdad. En la carnicería de Paco, algunos acaban en 99, otros en 98 y otros en 97. Sutil. Imagino que la experiencia habrá demostrado la eficacia de esta estrategia.
  3. Un pequeño descuento, un gran gesto. En la carnicería de Paco no se estilan los céntimos. En el ticket final 14,53€ son 14,50€ e incluso 29,96€ son 29,90€. Estudios con colonoscopias incluidas han demostrado que la parte final de una experiencia, en este caso la compra, es la que queda mejor grabada en el recuerdo. Pierden céntimos, pero ganan clientes.
  4. En un universo paralelo, la Carnicería Jonathan está vacía. Los nombres de toda la vida inspiran confianza y cercanía, sobre todo para la gente mayor. Y sabemos que la confianza es el factor más importante en las relaciones comerciales. Por algo no es la Carnicería Francisco, es la Carnicería Paco. Si llamas a tu hijo Jonathan puede pronuncien bien su nombre cuando se vaya de Erasmus, pero tendrá que echarle imaginación con el nombre si monta un negocio de barrio.
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