No gestiones tu tiempo, gestiona tu energía

Tienes mucho tiempo, 24 horas al día. Si cuentas con que decicas 8 horas a dormir y 4 horas a comer y asearte, te quedan 12 horas, que dan para 24 pomodoros (25 minutos de trabajo focalizado y 5 minutos de descanso). 24 tareas o más que puedes terminar en un día si te pones a trabajar en ellas con disciplina.

¿Cuál es el problema? Que no puedes. No por que te falte tiempo, sino porque te quedas sin energía, sin ganas.

La energía y el impacto

Al contrario de lo que a menudo se cree, la energía que te cuesta realizar una tarea y el impacto que ésta tiene rara vez van de la mano.

Si por ejemplo te cuesta mucha energía escribir un artículo, es raro que vayas a escribir de forma consistente durante mucho tiempo, ya que cada vez que vayas a ponerte a escribir tendrás que luchar contra otras tentadoras opciones que no te cuestan tanto esfuerzo. De esta forma es complicado que lo que escribas genere un gran impacto, porque (1) no tendrás la práctica necesaria para escribir bien y (2) tendrás pocos escritos que mostrar.

El camino fácil y el camino óptimo

No debes confundir el camino fácil con el camino óptimo en términos de energía. El camino fácil requiere muy poca energía inicial, pero a medio y largo plazo agota tus .

Esto ocurre por ejemplo cuando remoloneas en la cama por la mañana. Sin duda, la opción que menos cuesta es la de quedarse en la cama un rato más, pero cuando después de una hora y media consigues reunir la fuerza de voluntad para levantarte, descubres que estás en un estado de energía tan bajo que no te apetece hacer nada. Lo mismo pasa cuando te quedas atontado viendo la televisión.

La energía boomerang

Por el contrario, hay caminos que requieren una inversión inicial de energía alta, pero que a posteriori hacen que recuperes esa energía con creces.

Un ejemplo es salir a tomar algo con tus amigos un día de lluvia. Te da pereza, pero al volver a casa estás de todo menos arrepentido.

El ejemplo extremo son las actividades que están fuera de tu zona de confort. Requieren una gran cantidad de energía inicial, pero te la devuelven multiplicada por diez. Recuerdo cuando iba al parque de atracciones y me montaba en “La Lanzadera,” una atracción de caída libre. Tenía que hacer un gran esfuerzo para atreverme a subir, pero la energía que tenía al llegar de nuevo abajo sano y salvo hacía que invariablemente gritara “¡otra vez!”

En estos casos, te sientes satisfecho de lo que acabas de hacer y es ese sentimiento el que te recarga la energía. Pero también ocurre esto cuando son otras personas las que se sienten satisfechas contigo. Cuando haces algo bien y te alaban, esto actúa como un chute de motivación que recarga tus reservas de energía.

Conclusión

Antes de dedicarte a una tarea evalúa el impacto que va a tener sobre tu energía. No te dejes engañar por el hecho de que al principio te cueste un esfuerzo, ya que puede que la energía de ese esfuerzo vuelva de nuevo a ti multiplicada. Si consigues gestionar bien tu energía, conseguirás hacer muchas más cosas en un día de las que nunca habías pensado.