Por qué no quiero montar una startup

La palabra emprendedor está de moda. Gente joven que tiene ideas innovadoras y va a convenciones que hablan de growth hacking y marketing de guerrilla. Multimillonarios de Silicon Valley que con menos de treinta años han vendido su empresa y pueden dedicarse a lo que quieran durante el resto de sus vidas, por muy caro que esto sea. Yo no quiero ser uno de ellos. Yo no quiero montar una startup.

He aquí el por qué.

1. Hemos sucumbido al sesgo del superviviente

Últimamente he estado informándome sobre inversiones en startups y la lección más importante que he aprendido es que sólo una de cada veinte startups en las que invierte un business angel acaba reportando beneficios, generalmente de más de diez veces lo invertido. Y recordemos que estamos hablando de las startups que obtienen inversión, es decir, aquellas que han demostrado una cierta valía.

No hay manera de saber que startup será la que dé el pelotazo, por lo que los inversores no mejoran su porcentaje de aciertos por mucha experiencia que tengan. Además, estas ganancias tardan de media entre cinco y siete años en materializarse, el tiempo que tarda una startup en ser vendida o salir a bolsa.

Conclusión: Si creo una startup, por muy buena que crea que sea mi idea —y todo el mundo que crea una startup cree que se idea es buenísima, sino es realmente complicado — tengo menos del 5% de posibilidades de que me reporte beneficios y sólo lo sabré pasados más de cinco años. Gracias, pero no.

Sólo nos llegan las noticias de los emprendedores que se hacen multimillonarios y sólo usamos los productos de las startup que han triunfado. Del resto nadie sabe nada, así que sobreestimamos las probabilidades de triunfar. Sucumbimos al sesgo del superviviente.

2. No quiero engañarme a mí mismo

Seguro que has oído hablar alguna vez del costo hundido. Pasa a menudo que invertimos mucho esfuerzo en un proyecto y no queremos abandonarlo a pesar de que todo apunte a que no va a ir a ningún sitio. Sería como abandonar a nuestro bebé. Y las startups son como bebés.

Además, un fenómento que se da muy a menudo en las startups es la procrastinación a la hora de hacer dinero. Lo importante es hacer crecer la base de usuarios, que el dinero ya vendrá. Para mí, una empresa debería hacer dinero desde el principio. Ésta es la mejor prueba de que es viable. Y el dinero para hacer crecer la empresa debería venir de los productos o servicios que vende, no de financiación externa.

3. No quiero tanto dinero

Sólo quiero el dinero suficiente como para no tener que pensar cuánto cuestan las cosas, y no me gustan los lujos. ¿Para qué quiero diez millones de euros?

Si me hiciera con tanto dinero tendría la enorme responsabilidad de hacer con él algo para la humanidad que merezca la pena. Sería bonito, pero también me daría muchos quebraderos de cabeza.

4. Me gusta el largo plazo

En cuanto consigues inversión, tienes presión por parte de los inversores para conseguir beneficios rápido. Además, cuando ves que tu negocio está creciendo de forma exponencial, tú única obsesión es que continúe así. De esta manera es difícil tomar decisiones a favor de lo que consideres más ético o beneficioso para tu negocio a largo plazo.

Por otro lado, ponte en la siguiente situación: Has creado una startup. La has vendido y tienes mucho dinero. ¿Ahora qué? ¿Vas a tumbarte en las playas del Caribe? Podrás hacerlo durante unos meses, pero no durante el resto de tu vida.

Por eso prefiero un negocio que me divierta, con el que me sienta satisfecho y del que pueda disfrutar a largo plazo. Prefiero un negocio que no quiera vender.

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